Tragedias ajenas.


— Ha pasado ya un tiempo, pero nunca el suficiente — Decía Don Jorge con la voz entrecortada cuando le preguntaban cuánto tiempo había pasado desde la tragedia. Hacía ya dos años desde el asesinato de “Mary” como le decían sus padres.

— Cuando me dijeron, tardé un rato en entender, escuchaba lejos los gritos de mi mujer, aún cuando estaba junto a mí <<Pero ¿Cómo? ¿Por qué?>> Me preguntaba; no sé, esperaba que alguien llegara y me dijera que era una broma o un error, que no era mi Mary a la que habían encontrado tirada al lado de la carretera, como un trapo, como un perro, como algo que no merece el respeto ni la consideración de nadie, me faltaron al respeto de la peor manera, de una manera que jamás podré perdonar, digo, a uno le mientan la madre y con el tiempo te das cuenta que todo es cuestión de perspectivas; pero eso, eso que nos hicieron… — Hizo una pausa para tragarse el nudo que comenzaba a formarse en su garganta — …ni al peor de tus enemigos ¿Me entiendes? — Concluía.

“Nacido y criado” le gustaba decir a Don Jorge cuando le preguntaban de dónde era; pocas veces llegó a salir de ese pueblo; fue ahí donde estudió, donde creció, donde estaban todos sus amigos, donde conoció a su esposa y donde tuvo a sus hijos. Ahora, cuando le preguntan su lugar de nacimiento, éste, con notable amargura ya no agrega nada después de decir el nombre del pueblo — Ya no me siento orgulloso de este lugar, al contrario, me siento sofocado, todo me parece gris, sin sentido, como que junto con mi Mary, se fue ese sentido de pertenencia — Contaba mientras se dirigía a la recámara de su hija — Todo está igualito de cómo lo dejó, bueno, casi, eso de ahí son todo lo que juntamos; notas de pésame, la quesque investigación por parte del ministerio público y periódicos con la noticia — Una docena de cajas se apilaban en medio de la habitación, entre la cama y el peinador — Nadie supo que fue lo que pasó, nadie sabe quién le hizo eso a mi Mary; procuro no pensar mucho en eso, pero cuando lo hago y me acuerdo que la persona responsable anda por ahí suelta, me llena de tristeza y de coraje — En el patio se veía el pasto crecido, y en medio de la sabana aquella, una estructura metálica de donde colgaban unos columpios oxidados — Parece que fue ayer cuando veía jugar a mi Mary en los columpios esos — El nudo que antes se había tragado, había vuelto, y esta vez logró su cometido quebrando la voz de Don Jorge, las lágrimas corrían por sus mejillas y aunque nadie de los presentes lo juzgaba, éste, con un tosido fuerte, aclaró su garganta, secó sus lágrimas con un pañuelito que cargaba en el bolsillo trasero de su pantalón y prosiguió con el recorrido de la casa.

Al llegar a la sala de la casa de los Balderrama, ésta parecía un altar dedicado a su extinta hija — Yo venía llegando del trabajo, venía contento porque iba a ver a mi muñequita, ya tenía dos semanas que no venía al pueblo y pos andaba emocionado, hasta dejé cosas pendientes por recalar temprano a la casa — Contaba Don Jorge — Cuando llegué, vi la troca de mi hermano estacionada ahí afuera, estaba él parado bajo la puerta y cuando me vio, salió rápido, me abrazó fuerte y me dijo no me acuerdo que cosa <<¿Pos qué traes?>> le pregunté, fue entonces que escuché a mi mujer gritar; entré a la casa y la vi desconsolada abrazando a mi nuera — Confesó que no recordaba quien le había dado la noticia, ni cómo, ni cuándo; todo ese trágico momento lo recuerda como una “maraña de emociones y pensamientos” según sus palabras — Abracé a mi hermano <<¡Me la mataron, me la mataron, me la mataron!>> le gritaba, no sé cuántas veces le grité lo mismo, nunca dejé de gritar, todavía sigo gritando lo mismo.

La señora María, entró con una charola plateada que puso en la mesita de centro, traía dos tazas con agua hirviendo, café y azúcar — Gracias chaparra — Le dijo Don Jorge mientras la mujer volvía a la cocina — Ella nunca toca el tema, no puede, de inmediato se le quiebra la voz y comienza a llorar; una noche me dijo que estaba harta de llorar, que ya no podía más, desde ese entonces, como podrá ver recordamos a nuestra Mary, pero procuramos no hablar de ella, por mi señora, por su salud — Tomó su taza después de echarle dos cucharadas de café y le dio un traguito — Con el tiempo la gente se olvidó de Mary, se olvidó de nosotros, se les olvidó su indignación, su coraje contra el criminal y contra las incompetentes autoridades; y no lo digo quejándome, no los culpo, entiendo que la gente quiera seguir adelante, no puedes andar sufriendo tragedias ajenas todo el tiempo. A nosotros nos han destrozado, nos tocó sufrir poquito en todo momento el resto de nuestras vidas.

El crimen que ensombreció por siempre la casa de los Balderrama jamás fue resuelto, al principio las autoridades marcaron a varios sospechosos, los cuales eran descartados por una u otra situación, la investigación fue perdiendo fuerza a medida que la demanda de justicia por parte de la población disminuyó — Uno podría pensar que ver morir un hijo es lo peor que le puede pasar a un padre — Decía Don Jorge — Pero verlo morir a manos de un desgraciado que jamás dio la cara y ver como la justicia nunca llega, yo creo es mucho peor.