Las 2:10 a.m.

— no. No está bien.

— pero… no. Sí. Tienes razón.

— quizá. Pero… no, bueno, quizá sí. Sí.

— ¿lo tenías en la punta de la mente y al final de la lengua, verdad?

— algo así… más o menos, pero no. Bueno sí. Sí, sí lo tenía.

— ¿Y por qué no salió, entonces? Si ya lo tenías armado.

— bueno, pues quizá porque no sabía si era algo diferente a lo que siempre había conocido. Y es mejor protegerse y luego lamer sus heridas, que herirme yo y sentir mi propia sangre.

— ¡ah! Es muy cauto y justo su pensar. Sin embargo, cuando él se entere de tal treta, es seguro que incendiará todos los prados que había pintado para usted.

— estoy seguro que eso no pasará. Sin duda alguna, nunca él lo va a descubrir.

— ¿Y cómo está tan segura de ello?

— ¿Usted acaso, puede encubrir algo que no existe?

— pues… no. Bueno, quizá sí. Pero no. No, no, tiene razón. No se puede.

— bueno. He ahí su respuesta.-