Monólogo de un culposo.

— no quiero. ¿después de todo, cuando los planetas se alinearon en tu egoísta y bipolar favor, quieres que todo vaya bien?
— SÍ -retumbó-. Y con una asquerosa expresión, sonrió sin ningún tipo de culpa.
— es tipico de los 'como tú’ -con desprecio le respondí-. Típico que se excusen en lo traumatizados que están por su infancia; en las flaquezas de su juventud y en la decadencia de su adultez.
— he tenido una vida difícil, como te han podido comentar. Ella ya me perdonó y a diferencia de ti, por añadidura, me ama. No me lo tuve que ganar, como tú.
— eso ya lo sé -respondí-, mientras mis ojos se escapaban de mis córneas, y las preocupaciones por la verdad que se imponía frente a mí, no se hicieron esperar.
— si es amor, vas a entender -con orgullo me dijo-. Jajaja, ahora tienes que olvidar y ser feliz; ser agradecido, [hijo]. Si es amor, me vas a tener que aceptar.
— ¿Y si no lo es? -Pregunté con retórica- ¿y si realmente le odio como a nadie nunca… pensé iba a tener el poder de odiar? Y por un momento, mis pupilas regresaron a su color original. A su naturaleza original.
— pues abandona todo lo que habías trabajado. Elimina todo. Suprime todo. Arranca todo de raíz. ¿Qué sentido tiene, pues, esperar hundirte con un barco al que acudiste sabiéndole, con el casco roto?
— justifico mi error en la inexperiencia acumulada a lo largo de años viviendo así -susurré-. No es mi estilo quedarme por más de un par de veranos, a lo sumo, si de verdad algo requiere de un par de sonrisas al día, para ser feliz.
— lo siento, [hijo], quizá las buenas intenciones y los esfuerzos informales ¡no son suficientes para que tu salida de aquí, se postergue por más de una dualidad! -con su maldita expresión, gritó-
— quizá tenga razón. A lo mejor no está equivocada y, nunca fue suficiente nada del mundo feliz en el que vivimos. Ya veo que ni las lágrimas, los golpes y las repercusiones de sus acciones han sido suficiente como para hacerle ver que “la vida va más allá de sus errores e ideales”.
— supongo que sí -me dijo-. Pero de cualquier manera, sobre lo que llevamos discutiendo con semejante ambigüedad, no es de tu propiedad. Me pertenece a mí, y siempre ha sido y así será.
— primero, aprenda a conjugar bien sus frases. ¿Acaso su escolaridad también se devalúa con el tiempo? -Jaja-
— segundo. Soy especialista en identificar una causa perdida cuando la veo. Por ello, decidí quedarme hasta hace unas semanas. Porque no sabría qué hacer, si las cosas por una vez en la vida, no siguieran la tendencia habitual al caos.
— y aunque de quien estamos hablando (no) este aquí presente, mi deuda queda totalmente saldada. Ahora, usted, es la principal deudora. Como siempre lo ha sido. Como todos ellos, lo han sido. Es una deuda eterna, es un fantasma que los persigue desde que vinieron aquí.
Y nunca jamás los va a dejar. Porque nacieron culpables.
Y culpables morirán.-