Patagonia Argentina

Paisajes de fantasía que enamoran la vista

Mi novia me invitó a pasar unos días con su familia en la Patagonia Argentina para celebrar año nuevo y disfrutar las vacaciones de verano. Su familia vive en Neuquén, una de las provincias más lindas de Argentina, cercana a la Cordillera de los Andes y de clima árido, seco, frío y ventoso. Sobre todo ventoso.

A pesar de tener poco tiempo, visitamos varios lugares. Bajando desde Neuquén capital pasamos por Junín de los Andes, San Martín de los Andes, Villa La Angostura y Bariloche. Cada ciudad hermosa, muy andina y patagónica.

Los vientos del sur soplan fuerte en invierno y verano, y el clima frío no distingue temporada. Los lagos son tan cristalinos como un cielo despejado, fríos como el mismo hielo y pacíficos en medio de las montañas.

El chocolate, las cervezas artesanales y las truchas decoran el paisaje puertas adentro de las calles principales, los comercios se llenan de turistas y los lugareños duermen la siesta, puntuales, precisos y con placer.

Por las mañanas las aves cantan y el sol ilumina el verde de cerros y montañas. Por las noches en las cabañas, el viento ulula en puertas y ventanas en un arrullo tierno y débil que invita a dormir.

En el silencio de la orilla de los lagos se escuchan historias de ancestros, patagónicos, que dejaron en ese aire correntoso la valentía de vivir como dioses en un paraíso sin fin, sin magnitud, sin tiempo.

La belleza es fuerte, humilde y sencilla. No alardea imponencia. Está allí, esperando a ser descubierta, contemplada. Vive de sí misma, inerte y viva a la vez.

Ver el mundo desde ese lugar asombroso es una bendición, una eterna travesía y el comienzo de un lindo año.