Sensaciones de caminar sobre la arena del mar

Y otras curiosidades que vi en la playa


El Salvador puede ser llamado costa sin cometer error. Es realmente imposible que haya alguien en mi país que nunca haya visto el mar. Estamos todos tan cerca que no visitarlo sería ir en contra de la patria misma.

Intento recordar mi primera vez en la playa, pero no encuentro la parte en mi memoria donde está alojada esa primera sensación. Seguramente, mi madre me llevó cuando todavía era un bebé. Probablemente, tenía pocos meses de haber nacido y, muy certeramente, ese día me bañó con agua salada con un güacalito — azul o verde —.

Alrededor de mis ocho años me encantaba ir a la Costa del Sol. Unas playas hermosas que quedaban a dos horas de San Salvador y donde además había un complejo turístico para empleados del Banco Cuscatlán, lugar donde trabajaba mi madre.

El mar era mi lugar de reposo, de encuentro con el sol ardiente, con el agua que golpea la espalda y las piernas. Me encantaba hacer la siesta en una hamaca y sentir como, entre sus hilos entrelazados, se colaba la brisa fresca y salada.

Fui dándole al mar un espacio en mi corazón. A los diez años hicimos un viaje familiar a Acapulco. Aunque las playas eran muy hermosas, con aguas más transparentes, por todos lados escuchábamos el discurso: No se bañen que está contaminado. Aquellas palabras no me dejaron disfrutar como habría querido hacerlo.

A los once años, viajamos a Miami en familia. Era la primera vez que estaba en una costa del Atlántico. La arena tenía un blanco intenso formada por pequeñas y puntiagudas piedritas blancas y marrones. En aquella playa había personajes que hasta entonces había visto sólo en las películas: un guardavidas, y mujeres con las tetas al aire tomando el sol.

Los años pasaron, visité otros países y otras playas: Santa Mónica, Long Beach, Santa Marta, Taganga, Máncora, Montañita, Lima, Mar del Plata, Río de Janeiro. Algunas más hermosas que otras. Algunas realmente horribles, frías y sin olas que apreciar. Algunas horribles, pero con gente maravillosa habitando en sus alrededores. Algunas a las quiero regresar y otras en las quisiera haberme quedado para siempre.

¡Hermosas playas las que han marcado mi vida! ¡Caliente sol que demuestra su poder en la playa cálida y acogedora!