Lo que aprendí de pasar un año nuevo en un restaurante de 24 horas

Siempre he creido que la vida es completamente distinta de noche en comparación a cuando reina la luz del sol sobre la ciudad. Las personas que ves en la noche son diferentes, sus hábitos, sus tendencias, gustos y comportamientos. Nunca he tenido nada en contra de las personas que prefieran el silencio y la oscuridad de la noche, pero nunca me he sentido parte de ellas. Es interesante entonces, cómo ves cambiar tu forma de vivir, tus creencias, concepciones sobre la vida y todo lo que habías imaginado en tu mente cuando de pronto te enfrentas a un suceso completamente inesperado y determinante, marcando un punto de inflexión, de antes y después.

Comenzaré mi historia retrocediendo unos años antes en el tiempo, específicamente al último día del año 2012, un día en que había decidido dejar atrás todo lo malo que ha sucedido en el año así como todo el estrés acumulado, con el propósito de mentalizarme positiva y optimistamente para afrontar de la mejor manera posible el año que se avecina. Mi noche iba bien, iba rumbo a Antigua Guatemala a celebrar el fin del año y olvidarme de mis problemas, cuando recibí la inesperada llamada de mi padre la cual cambiaría abruptamente mis planes, pues me informaba que mi abuela acababa de sufrir un derrame cerebral y era necesario trasladarla a un hospital y mi papá me pedía que lo acompañara en un momento tan difícil como ese.

Redirigí mi rumbo de vuelta a mi casa, donde ya esperaba una ambulancia a trasladar a mi abuela. En ese momento desconocía la magnitud del accidente y cuál sería el futuro de mi querida abuela. En ese momento tenía más dudas e incertidumbres que certezas y sólo el tiempo podría decir qué nos esperaba y cómo este suceso , el 31 de diciembre de 2012 iba a afectar nuestras vidas.

Después de más de 5 horas en el hospital, hablar con múltiples doctores, con noticias únicamente desfavorables y sabiendo que no había nada más por hacer, decidimos retirarnos con mi padre, alrededor de las 3AM de lo que ya era el primer día del año 2013.

Con un hambre demoledora, quisimos lógicamente ir a un lugar a donde pudiéramos comer. Con circunstancias tan adversas, como la fecha y la hora, era evidente que nuestras opciones estaban bastante limitadas por lo que decidimos recorrer la ciudad en busca de algo que pudiera estar abierto. Sin embargo, la ciudad estaba completamente a oscuras únicamente iluminada por las luces de la calle. Al descartar todas nuestras opciones, optamos por una última: El mítico y legendario restaurante CAFESA. Cuando estábamos cerca, pudimos ver su enorme rotulo de neón iluminado como un faro a la distancia que guía a los marinos perdidos, y para asombro y satisfacción nuestra se encontraba abierto.

Lucía tan característico como siempre lo ha sido, con una decoración ambientada en los años 50s dentro de la cual destacan cuadros de estrellas de la época como Elvis Presley, Marilyn Monroe, Jim Morrison, los Beatles y James Dean, las tradicionales malteadas y meseros con barcos de papel como sombreros en la cabeza.

Fuimos atendidos por un mesero cuyo gafete decía “CHUS”, y nos contaba que tenía 35 años de trabajar como mesero en CAFESA, a lo largo de los cuales había escuchado muchas anécdotas y había atendido a muchas personas, desde ministros y vicepresidentes hasta jugadores de la selección de futbol. Sin duda es un lugar muy particular y grabado en la memoria y cultura guatemalteca.

Su selección culinaria es muy característica de las cafeterías estadounidenses de los años 50s dentro de la cual se pueden encontrar milkshakes, hamburguesas, papas fritas, sándwiches, así como elementos más tropicalizados como toritos, caldos y desayunos característicos de Guatemala, con huevos, frijoles y platanos. Según Chus, CAFESA es una opción invaluable para muchos trabajadores de los varios Call Centers que operan en las zonas aledañas y el plato más solicitado es el torito. CAFESA es una opción sumamente recomendada para todos aquellos que quieran comer y probar algo diferente a altas horas de la noche, cuando son pocos los lugares que están abiertos.

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