#RosarioEsElRockAndRoll — 2: Fútbol
Martin Rampo
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Me gustó la conclusión de la nota, es lógica y además justa. “¿Quién soy yo para no creerles?”. Afortunadamente yo soy uno de aquellos a quienes no les hace falta tirar la moneda para decidir si hay que creer o no, entre otras cosas, porque yo SÍ lo vi al Trinche, aunque no ya en el esplendor de sus potencialidades; de hecho, fui espectador de aquel otro milagro futbolístico en cuyo dintel reza: “Andes Talleres 3, Milan 2”. Fui al Estadio Malvinas Argentinas (todavía no se llamaba así, era simplemente “el Estadio del Mundial”), y fui con mi madre y algunos vecinos de la colectividad italiana porque el Milan convocaba para ello. Recuerdo muy bien que tenía a sus grandes figuras Gianni Rivera (considerado el mejor jugador de Europa en sus tiempos), a una leyenda del arco como Albertosi, a un tal Fabio Capello (¿lo tienen?) y a un pichón de leyenda, quizás el mejor líbero de la historia, un diecinueveañero Franco Baresi, entre otros. Y venía invicto. Es más, corría el segundo tiempo y el Milan ganaba 2 a 1 lo que parecía lógico e irreversible…pero… no contaban con mi astucia, diríamos. Ese Talleres “reforzado”, no lo habría sido suficientemente, si hubiera mantenido en el banco a su mejor valor: su Majestad Tomás Felipe I, el legendario Trinche Carlovich. Es que entró él, y fue otro el partido que se jugó. Talleres, perdón, el Rey Carlovich, se adueñó del campo y de la pelota, y le cambió la cara al equipo y los guarismos al marcador. Un pase milimétrico, una estocada finísima y le dijo al punta “hacélo que ya empatamos”, y por suerte para él lo hizo y fue el 2 a 2; que si hubiese perdido la ocasión inmejorable, hubiese pasado a la historia como el bolú que la pifió, nada menos que contra el Milan. Siguieron las acciones, y una lujosa acción más del Rey propició una falta al borde del área que un ejecutante (no recuerdo su nombre) convirtió en el 3 a 2 lapidario. También recuerdo el asombro con el que me fui del estadio, y la amargura de la colectividad porque, decían, “se jugó contra un combinado, no contra Talleres…” Lo cual era parcialmente cierto. Porque no menos verdad era que, sin Carlovich, Talleres o el “Combinado” no era rival para ese Milan. Con Carlovich en las filas, daba la impresión que cualquier equipo hubiera estado a la altura de las exigencias. Palabra. Yo presencié ese milagro futbolístico, y ya no me asombra nada de lo que veo en el rectángulo verde, venga de donde viniere.