“¿Por qué le lame? Porque le quiere”. ‘El niño que quería volar’ bien se podría definir como la historia de un ‘animal herido’. De un cachorro, mejor dicho. Un niño de cinco años con el anhelo de poder ser, como la cría de su mascota gatuna, al calor de sus protectores. Después de hacer un cortometraje desde el punto de vista de una anciana, ‘Zumo de limón’ y otro de vidas cruzadas, ‘El jardín de las delicias’, Jorge Muriel remata su trilogía de la vida con el relato de un niño al que su padre reprime emocionalmente.

Comenta Muriel que tenía pensado hacer en un inicio un homenaje a su infancia, su barrio y al niño que fue, por lo que ambienta ‘El niño que quería volar’ en el Madrid de los años 80. Sin embargo, cuando “empecé a escribir el guión, la historia de Iván, me di cuenta de que mi vida no tenía interés dramático. Empecé a llevar al extremo este mundo de Iván que estaba surgiendo y también, como tengo sobrinos y doy clases en una escuela, empecé a ver la herida infantil”. Pasó entonces a investigar sobre “la herida que infringimos a los niños sin darnos cuenta”, lo que le ha valido su segunda nominación a Mejor cortometraje de ficción después de ‘Zumo de limón’, su primer corto. …


Carlota Pereda dice que la adolescencia es una historia de terror. Lo hace refiriéndose a su segundo cortometraje, ‘Cerdita’, la historia de Sara, una chica adolescente y obesa a la que le caen encima los insultos, desplantes y algún que otro golpe por parte de sus compañeras acosadoras.

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Sansangue

Periodista, comunicadora audiovisual y feminista. Sapere aude.