Haciendo orden

Que ya era necesario

Decíamos ayer, bueno, no exactamente ayer, pues han pasado más de 8 meses (casi un parto sin dolor), desde la publicación de la primera entrada en este blog. En aquel texto dije que no iba a dejar que esto se llenará de “tumbleweed” pero al final más que bolas de esas que pululan por los desiertos se ha llenado de mucha pelusa que no es capaz de quitar ni el Roomba.

Las vueltas que da un Roomba para dejar limpio un blog o tu casa.

Vuelvo a escribir en este blog por que me han amenazado (puño), -de forma cariñosa, eso sí-, con la posibilidad de darle algo de vida y tratar de publicar una entrada cada quince días, algo que ahora se me antoja un poco difícil, aunque viendo el lado positivo del puño, lo único que he necesitado durante todo este tiempo ha sido un acicate que me motivara a dejar que mis dedos se movieran por el teclado, de alguna forma hay que rentabilizar esas clases de taquigrafía donde en mis buenos tiempos era capaz de alcanzar las 160 pulsaciones por minuto, no como ahora, que no llego ni a las 60. ☹

Se suele decir que uno debe escribir sobre lo que conoce, y por no empezar a improvisar y aburrir al respetable con cosas que no van a llegar a ninguna parte, para recuperar el pulso en esto de la escritura voy a hablar sobre uno de los libros que más me ha gustado y porque no decirlo, marcado entre los muchos que llevo leídos desde que allá en mis años mozos un profesor de filosofía (un saludo Raúl si lees esto) nos obligó a leer La naranja mecánica de Anthony Burgess como trabajo para clase. Desde entonces no he parado de leer. Con anterioridad había leído pero no con la asiduidad con la cual lo hago ahora.

El libro en cuestión está descatalogado (ya sabéis que en el mundo editorial si un título ya no produce beneficios no merece la pena su continuidad, aunque este mejor escrito y sea más interesante que la última aventura de la choni Belén Esteban).

El título que os voy a recomendar desde aquí, se llama Flores para Algernón, su autor Daniel Keyes.

En sus orígenes estaba publicado en la colección Barco de vapor, la misma que a la gente mayor, y no tan mayor, nos inició en el mundo de la lectura con sus libros donde lo más llamativo de los mismos solían ser su títulos: Un duende a rayas, Fray Perico y su borrico, El pirata Garrapata…

A pesar de pertenecer a esa colección es un libro con la suficiente calidad para hacer pensar a más de un adulto y por qué no, seguro que a algún joven también le puede venir bien reflexionar sobre el tema que trata en el mismo.

Aunque el género al que pertenece es de ciencia ficción, actualmente sería más un drama, con toques de ciencia ficción pero que en la actualidad esos toques de ciencia han sido superados o alcanzados por el mundo científico.

No te voy a contar nada del libro, ni siquiera te voy a copiar y pegar la sinopsis del mismo. De un tiempo a esta parte he tomado la decisión de no mirar ninguna de los libros que voy a leer (al menos en el momento de empezar un nuevo libro) ya que en la mayoría de los casos suelen desvelar más de lo necesario, al estilo de los famoso “spoilers” de las series, esos tan temidos y odiados por los seriefilos entre los que me incluyo.

Valga esta entrada para recordar y recomendar este libro, donde en vista de que no te voy a decir de que trata te estarás preguntando si merece la pena su lectura, pero eso como todo libro al que uno se enfrenta por primera vez lo tendrás que valorar tú al final de su lectura. No te arrepentirás, solo por el mero hecho de empezar a leer un libro te supondrá una aventura y un beneficio contra el aborregamiento de la televisión actual.

Por cierto, en formato digital es posible encontrar dicho libro, pero yo no he dicho nada.

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