El placer de escribir en pluma

Seguramente para los que escriben con pluma desde hace años, lo que voy a explicarles les parecerá obvio, pero para mi ha sido un gran descubrimiento que se ha convertido en una gran experiencia y en un hábito cotidiano: Escribir con pluma.

Todo surgió por la confluencia en el tiempo de tres hechos aislados. Por un lado, la lectura de “En movimiento”, la biografía de Oliver Sacks: un conocido neurofisioterapeuta con una vida muy interesante. Sacks era un narrador y tomador de notas compulsivo, escritor y divulgador científico. Rellenó más de 1000 libretas de anotaciones y comentarios. Siempre tenía una a mano para anotar sus reflexiones, pensamientos e ideas que le asaltaban en cualquier momento y situación. El libro es muy recomendable. La parte que más me ha llamado la atención son las dos últimos hojas en las que describe su relación con la escritura. En sus palabras:

“El arte de escribir es una parte integra de mi vida mental; las ideas surgen y toman forma en el arte de escribir”

Coincido plenamente con sus sensaciones. Escribir me permite interiorizar el conocimiento o exteriorizar mis sensaciones, pero sobretodo es un acto de reflexión e introspección personal. Es un momento para clarificar algunos pensamientos. Es tiempo para mi. Importante en un mundo donde el tiempo parece ser cada vez más escaso.

Otro de los aspectos interesantes que comentas Sacks es que rara vez consultaba sus notas. Algo que también me pasa y que hasta cierto punto me preocupaba. Sobretodo teniendo tantas alternativas digitales con un montón de prestaciones para tenerlas siempre disponibles. Y es que cuando he de consultar alguna anotación, nunca están a mano ya que las libretas están en mi despacho. Pero me compensa con creces. El momento de enfrentarse a una hoja de papel para escribir manualmente es inigualable. Es conexión directa cerebro — papel sin ningún tipo de interfaz. La calidad de las anotaciones es superior, estás más concentrado, el cerebro está más activo y mejora la memoria, entre otras muchas bondades. Hay unos cuantos estudios neurológicos que así lo corroboran.

El segundo acontecimiento es el descubrimiento de una pluma Montblanc en una de mis sesiones de limpieza dominical enterrada bajo de un montón de cachivaches. De vez en cuando me desprendo de todo aquello que no utilizo. Desde ropa hasta papeles. La pluma en cuestión es una una MEISTERSTÜCK con plumín EF (extra fino). De hecho encontré un estuche con lapiz, bolígrafo y pluma. No recuerdo de dónde vinieron ni cuanto tiempo llevaban enterradas, pero debía de ser mucho tiempo. ¿Un regalo de Navidad? ¿Quizás incluso desde mi comunión?. Seguramente las habría visto antes, pero nunca me habían llamado la atención. Pero ese domingo decidí limpiar el plumín y probarla. Y desde entonces la utilizo todos los días. Y ahora me he convertido en un freaky de las plumas (me gusta mirar reviews de diferentes modelos de plumas en Youtube y navegar por las web de las principales marcas para ver las últimas novedades) y soy consciente del valor de las Montblanc hasta el punto de pensar en comprar una caja de seguridad para guardarlas. Son buenos productos pero en mi opinión no justifican su precio. Es puro branding. Pero esa es otra historia.

Y el tercer gradiente de esta historia es mi inquietud permanente por el aprendizaje continuo y la búsqueda del mejor método para conseguirlo. Sobre esto ya escribí en su momento y continuo iterando en este proceso de mejora continua. Y desde hace pocas semanas la pluma es el protagonista principal. Es realmente sorprendente la precisión y rapidez con la que escribes. El dominio total de la herramienta para poder transmitir tus ideas. Es como un apéndice más de tu cuerpo. Escribir con pluma confiere una solemnidad al texto única. No es lo mismo que escribir con un bolígrafo cualquiera. Cuando te enfrentas al papel armado con tu pluma, el combate es del todo desigual. Y la sensación es formidable.

Por lo que invito a probar esta experiencia. Por 20€ tienes una buena pluma, por lo que hay pocas excusas. Lo agradecerás.

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