Hoy no necesito corazones verdes
Un hasta luego a una soñadora

Cada vez que te vas se me enredan las emociones
Cuando dices adiós la nostalgia pasa sin llamar
Cuando dices adiós puedo imaginar,
mis ojos oxidándose junto al cristal
Cuando dices adiós solo quiero disimular.
Hasta aquí el sentimentalismo: solo quería compartir — nuevamente — este pedazo de una canción que me hacía recordarte cuando estábamos lejos y que luego me enteré que producía sentimientos similares en ti. Entonces, ¿por qué no me interesan los corazones verdes (por hoy)? Porque en esta ocasión solo necesito un espacio que no se marchite con el tiempo y sea consultado cuando sea necesario: al alcance de solo un “pinchazo” con la mano o el cursor del computador.
Hoy le toca a una de mis hermanas partir, por vez primera: alzar vuelo, de ese tan necesario para seguir viviendo. Ya a mí, gracias a Dios y la complicidad de mi familia, me ha tocado dos veces, así que puedo sentir tus cosquillas, la incertidumbre de lo nuevo.
Por el momento te digo que todo va a estar bien, crecerás porque eres una mujer inteligente y llena de sabiduría. Conocerás tus límites — de los que padecemos todos — y como diría una amiga que tenemos en común, no es necesario sobrepasarlos, sino asumirlos: conocerte cada vez más y seguir caminando. Qué no somos perfectos, por eso la vida es más caóticamente interesante.
Recuerdo una noche en Barcelona mientras me compartías algo muy personal vía mensaje. Me enseñabas tu rostro puro, sin maquillajes a través de la escritura y solo eso me bastaba para saber que esta experiencia que ya estaba en planes sería de gran provecho para ti. Siempre había querido que llegara este momento y me decía: ¿Por qué llegó para mí primero si mi hermana — de las mujeres más brillantes que conozco — lo merece más que yo? Al fin y al cabo sé que no es cuestión de merecer — porque hay mucha gente talentosa en el mundo — sino de abrir bien los ojos y tomar decisiones mientras seguimos en movimiento. Lo importante es identificar, como tú lo has hecho: dedicar horas si hace falta, para luego poder decir: si los sueños se hacen realidad en mi sed de aprender, fue porque trabajé por ello y ahora puedo ir all the way, sin remordimientos.
Si algo te puedo decir es que aunque no resulte fácil — de momento a momento — es porque estás viviendo y creciendo. Ese intentar ser más siempre duele, pero solo duele cuando sales de la zona cómoda y retas tu entorno, a ti misma y levantas la mirada. Sé que levantas tu mirada muchas veces, incluso aquí donde lo tienes todo. Has levantado mi mirada tantas otras y las de muchos que amamos tenerte cerca. Este mirar hacia el frente o hacia arriba, también hacia los lados, te va a mostrar el universo inmenso que tenemos a nuestro alrededor; sea lo más conocido y amado, o lo más nuevo, extraño y por descubrir.
Como diría otro amigo que tenemos en común: “sigue como el viento” que no se deja vencer, que acaricia con el gesto más fresco, que tambalea con el ánimo más impetuoso. Sigue como el viento que invita a dejarse interpelar y a animar a otros con su desplazamiento.
Vas con el más enfocado de los deseos: con ganas de aprender para regalarle a los demás uno de tantos talentos que te apasionan. Continúas no para añadirle un título más a tu curriculo, sino porque conoces lo sublime de la educación y lo mucho que le aporta a tu vida y a la de los que te rodean. Como toda tu vida, sigue regalando música, arte, rimas, palabras con sentido, risa.

¿Mis personas favoritas? Las que me hacen reír y ser feliz. Hoy te agradezco por todas esos días de algarabía, por todas las carcajadas, por las conversaciones serias, por las lágrimas de frustraciones compartidas, por los malentendidos: por hacer vida conmigo y con todos.
La mejor imagen que tengo de ti es la de la sorpresa, la de la mujer expectante que siempre ve algo bonito en todo. Que transforma hasta lo más ordinario en arte. Como en aquella ciudad de Barcelona en donde sólo te bastó un mes para darle tus tonalidades brillantes al panorama que contemplaba hace diez meses y que ya resultaba en una rutina que — sin saberlo — me estaba quitando la naturalidad. Gracias por revolcarlo todo y volver a enseñarmelo de la forma más hermosa. Por trastocar mi entorno y delinear las líneas con el mejor de los pinceles.
Sigue perfilando el mundo con tus colores. Descubre. Acoge. Aprende. Construye. Ama.
¿Sabes qué? Para mí — que te observo más de lo que crees — estás gritándole al mundo las rimas creadas por nuestro amado Lin Manuel Miranda en su majestuoso musical Hamilton. Hoy estás en el medio del escenario: dar los pasos y acertar en las melodías está en tus manos y en las ganas que tengas de mantenerte humilde reconociendo tus talentos y también en la mirada del otro que te observa primero con desconfianza, pero que luego te acoge para trabajar en equipo. Recuerda siempre dejarte ayudar. Hoy cantas con el corazón — y yo trato de acompañarte — :
I am not throwing away my shot!
I am not throwing away my shot!
Hey yo, I’m just like my country
I’m young, scrappy and hungry
And I’m not throwing away my shot!
It’s time to take a shot!!! Y no puedo pasar por alto: “History has its eyes on you”. Ah, y no te olvides de hacer patria: sé que la llevas muy dentro. Te amo. ¡Buen viaje!

