Por la madrugada todos somos poetas. Las almohadas escuchan el blues de nuestros gemidos.

Por la madrugada somos poetas porque transgredir el silencio es la única huella que podemos impregnarle a este mundo injusto.

Pero yo no soy poeta. No, señor. Apenas me considero un trovador de lamentos y eso que me caga la trova.

Yo no soy poeta en este mar de poesía barata, porque el día que volé al lado de esos seres celestiales caí en la cuenta de sus engaños:

Vestido de niebla

Y letargo

Huí.

Círculos literarios vieron mis alas,

Y yo les escupí.

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