Si tan solo fuéramos como el principito

Recuerdo haber leído hace mucho tiempo el principito por primera vez, apenas estaba en la escuela y poco me interesaba por la lectura, pero me hacía falta el asombro, la curiosidad por descubrir que había detrás de la puerta.

Sin embargo, al crecer nos damos cuenta de las cosas. Ya nada parece ser tan sencillo como antes, empezamos a tener responsabilidades, corremos desesperados y nos olvidamos de todo, es que ya no podemos evitar ser adultos. Al principio nos asustamos, luego nos cuesta creerlo, pero al final nos resignamos y entendemos que estaremos ahí hasta el día que nos encuentre la muerte. El mundo entero toma un color diferente, se camufla cual camaleón y nos obligan a ir por un sólo camino, opacando nuestras emociones haciéndolas irreconocibles.

Es por eso que nunca más volveremos a ser niños otra vez, ya no reimos, ni corremos por diversión, no gritamos, cantamos o bailamos. El tiempo nos ha consumido y se vuelve común ver nuestra vida tras una pantalla, evolucionamos de una vida calida a una más fría, seca y digital, el internet se ha vuelto incontenible y hemos terminado por llamarlo hogar.

Pero que pasa con ese niño interior, ese principito que no se escapa de nada, ni el más mínimo detalle lo deja en el aire, aquel principito dispuesto a ir hasta el fin del mundo para conocer a cada ser existente en el universo. Ya no existe más, quedó atrapado en el pasado y al parecer nadie quiere revivirlo. Hay muchos reyes, faroleros, hombres de negocios, vanidosos, bebedores o geógrafos, pero ningún principito. Cada día, son más las personas que entran al juego de la rutina sin saberlo y tal vez nunca se darán cuenta.

Muchas cosas han sido olvidadas como diría el zorro. Pero siempre habrá algo o alguien que nos hará creer de nuevo y recordar que todo tiene una razón de ser.

Todos en un mundo distante, limitados a si mismos, sin ganas de explorar lo inexplorado y sin entender lo inentendido. Pero, ¿Qué pasaría si todos fuéramos como el principtio? Me gustaría ver todos los días más principitos y menos bebedores y más zorros que geógrafos, más planetas que descubrir y más flores que plantar.

Cada día debemos hacer crecer ese principito interior, hagamos de este mundo olvidadizo y quebrantado, un lugar de recuerdos e historias, de sueños y alegrías. Vivamos todos los días como principitos, exploremos los rincones del universo, cuestionemos e insistamos por cada detalle, hagamos renacer esa curiosidad innata que naturalmente se pierde al crecer. No seamos indiferentes a los demás y miremos a nuestro alrededor, porque así no lo querramos, es y será parte de nuestro mundo.

Si tan solo fuéramos como el principito…