Reconfiguración

Cuando comienza una etapa, la incertidumbre es normal, lo que no es que ésta se quede como una costumbre, que no se pueda erradicar y, en suma, se manifieste como una actitud diaria.

Hoy, en un instante donde aún no se encienden las alarmas, he de asumir que soy un adulto.

Ya no hay tiempo para preocuparse por las nimiedades de la adolescencia, pero sí para luchar contra mí mismo por los sueños del niño que, pese a todo, siempre voy a ser.

Porque así son las cosas, ser niño es cosa seria. Vivir, entonces, es mejor creyendo en esto.

Sin mucho más que añadir, creo que encontré –por fin– el verdadero sentido de la vida:

“Creo –fervientemente– en la obstinación. Vivo de escribir”.

Ahora me toca revalidarlo. Sujetar esas ocho palabras y hacerles justicia; aferrarme a cada una de sus sílabas para que me respalden cada que se necesite.

Porque nadie lo hará, jamás, por mí. Sólo yo puedo darles sentido, sólo yo puedo engrandecerlas.

Así pues, aquí vamos.

Abróchense los cinturones, que hoy despegamos. Disculpen si esto los toma por sorpresa y no les doy tiempo de hacer maletas, pero así son los grandes cambios: de repente, sin mucho equipaje (de preferencia ninguno) y con el ánimo que conlleva el sentido romántico de la aventura.

No les pido que me acompañen, no me corresponde invitarlos.

Sin embargo, si algo pudiera pedir, sería a mí mismo:

no desfallezcas, no te falles y no te rindas

cuando sientas que no tienes fuerza, recuerda cómo fue que llegaste a donde estás ahora: callando bocas, demostrándote que eres capaz de todo aquello que hace no mucho te parecía una simple ilusión.

Pero, siendo esto la prioridad más grande:

no dejes, nunca, bajo ninguna circunstancia, aún cuando todo parezca estar en tu contra y algunas veces sientas que lo mejor es tirar la toalla, de creer en ti,

prométete que eres lo mejor que pudo pasarte. Lucha diario por ello.

Yo creo en ti. Tú no dejes de creer en mí.

Vamos allá, Soriano. Por una meta más, de ésas que consigues por racimos cuando otros a lo más que aspiran es ver cómo otros hacen lo que ellos creen imposible.

Vives de escribir, dices; bueno, entonces escríbete una realidad que te haga sentirte orgulloso.

Aquí tienes la primera línea:

I̶m̶p̶o̶s̶i̶b̶l̶e̶.

Posible, si quieres.

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