BASURA BLANCA Y “SOCIALISMO DEL SXXI”

La cronología recogida en el reciente artículo de Abbie van Sickle https://medium.com/@abbievansickle/timeline-of-trumps-relationship-to-russia-5e78c7e7f480 se interrumpe hace ocho días, con la destitución de Steve Bannon, el más conspicuo ideólogo de la “White trash” estalino-nazi. ¿Ha cambiado todo con el brusco viraje introducido por la total modificación del punto de vista presidencial respecto al régimen de Assad?. En mi publicación del siete de abril (https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=1871216399833121&id=100008343370031&pnref=story), planteo exigencias obvias: un “viraje” creíble no podía no ir acompañado de una pública retractación; insinuaba que Trump debía ceñirse a funciones de concejal de festejos (como las de los reyes constitucionales en la Vieja: Europa) y delegar en dirigentes republicanos más responsables (McCain) todo lo referente a exteriores, defensa y seguridad. Sospecha: a finales del verano de 2015 los twitteros de extrema izquierda hicieron circular profusamente una “revelación sensacional” de The Guardian, según la cual Putin había ofrecido a Obama, cuando éste parecía dispuesto a intervenir en Siria, la caída de Assad a cambio de desistir de esa intervención, de suerte que fue el rechazo de esta oferta por parte de Obama lo que llevó a Putin a erigir ante éste la conocida frase: “consideraremos un bombardeo de Damasco como equivalente a un bombardeo de Moscú”.

Hace medio siglo, la Urss promovió el ascenso del baazismo y del nasserismo como un intento de minimizar las tensiones religiosas internas al Islam (sunnismo vs. chiismo) al subsumirlas dentro de la causa común del nacionalismo panarabista; el ascenso de los ayatollahs en Irán, que fue un notorio fracaso de la política exterior brezhneviana en una fase en que China y la Urss aún estaban enfrentadas, pareció enfrentar a los dos regímenes baazistas y, en ese contexto, el “laicismo” del régimen sirio no impidió que éste se convirtiera en satélite de Irán; posteriormente el acercamiento entre las dos grandes potencias social-feudales eurasiáticas, Rusia y China, ha hecho surgir intereses comunes al régimen de Assad y al post-baazismo iraquí, siendo así que éste ha evolucionado en un sentido religioso que permite interpretar al ISIS como una mutación en dicho sentido experimentada por los antiguos partidarios de Sadam Hussein: es bien sabido que el jefe militar del fantasmagórico califato es Fezzat Ibrahim Al-Duri, el “rey de tréboles” de la baraja de Bush (https://www.cuartopoder.es/terramedia/2014/06/23/un-nuevo-baath-aparece-tras-la-ofensiva-de-mosul-con-el-isis-como-fuerza-de-choque/5977/5977); en muchos frentes internos a la Federación Rusa o ex-repúblicas soviéticas, se ha repetido una evolución similar: el fracaso del integracionismo laicista ha llevado al Kremlim a promover regresiones islamistas que garanticen una mayor efectividad a la sumisión a Moscú (Kadirov en Chechenia es el ejemplo más flagrante).

La conclusión, entonces, no sólo es que la polarización entre el régimen sirio y el post-baazismo al que se reduce el teatrillo del “califato” es una burda mentira y que ambos colaboran contra Kurdistán (y que las acciones terroristas en Europa, como ha solido acaecer en otro casos, son obra de servicios secretos de uno de los contendientes -o de sus infiltrados en los nuestros- en un conflicto bélico tradicional, no meramente civil y parapolicial, los cuales hacen uso de aquéllos como represalias y como armas de guerra psicológica para desviar la atención que debería centrarse en ellos mismos y no en burdos montajes a base de confidentes y elementos del lumpen), sino también que es el propio Putin quien tiene en su agenda desde hace tiempo la opción de deshacerse de Assad.

En el menos malo de los casos, entonces, es posible que Trump se esté limitando a ser, como acaece al grueso de la extrema derecha racista de mierda en todo el planeta, un tonto útil del Kremlim. Por otro lado, el tipo de contactos soviéticos y post-soviéticos de Trump (que se remontan a 1986) enumerados en el artículo permiten también sospechar que la propia evolución del socialismo ruso en un sentido neo-feudal más próximo a la Centuria Negra que a Lenin y Trotsky haya transformado a sectores semi-lumpenianos de la burguesía mundial encarnados por verracos como Trump en la genuina vanguardia de una proletarizada “White trash”. El otro día me tropecé en la red con un decrépito Johnny Rotten defendiendo el “brexit” con argumentos marxistoides de baratillo y me entraron ganas de desnucarlo a botellazos. Pero, es mejor molotov-ribbentroppizarlos un poco más cada día.