¡Que pereza con las quejas!
Si de algo me quejo yo, es de las quejas. Irónico lo sé. Vivimos bombardeados de quejas por todo lado tanto que caemos en el mismo juego. Y es que ¿quien no se ha quejado? Ya sea en el supermercado con la lentitud del nuevo empleado que seguramente es la primera vez que usa el lector de código de barras y una caja registradora. Ya sea en el banco haciendo una larga fila para realizar una muy buena transacción. Ya sea en la playa disfrutando un delicioso granizado pero quejándose del montón de gente. En la montaña por los mosquitos, en la universidad por el proyecto, en el trabajo por el jefe, en fin, para todo tenemos quejas.
Las quejas están a la orden del día, a cualquier hora y en cualquier lugar. Desde ¡Que fila más hedionda! Hasta ¡No aguanto este calor!
Si algo está caro, mal. Si algo está barato, eso debe ser de mala calidad. Que si hay presa, malisimo. Que no hay presa, emm, bueno, yo creo que de eso sí nadie se queja. Aunque nunca falta alguien que de verdad se queje de que no haya presas.
Las quejas pueden desanimarlo a uno desde buena mañana. Muchas veces llegamos motivados al trabajo pero una simple queja de alguien ya nos desmotiva bastante. ¿Cómo hacer para que eso no nos afecte? Simple. Nada más ignore. No deje que nada cambie su motivación y mucho menos las quejas de alguien. Tal vez tenga razón, el día estaba para quedarse en casa por la lluvia incesante pero no deje que eso cambie su actitud. Y mucho menos sea usted el que se queje por eso. ¿A cuantos les toca trabajar bajo la lluvia volando pala a lo loco? O peor, ¿cuantos no tienen trabajo del todo y desearon levantarse con la dicha de tenerlo?
No sea de los que se queja por todo. Claro que van a haber cosas que son razón de quejarse pero son más las cosas buenas que tenemos que las que si son motivo de queja.
La pereza va muy ligado a este mal hábito porque es muy común que las quejas vengan acompañadas con un ¡que pereza con… (inserte razón de su queja aqui)!
Asi que no le tenga pereza a todo, dele gracias a Dios que respira y puede hacer lo que tiene que hacer durante el día. Si me escucha quejándome por algo, regañeme o haga caso omiso a lo dicho. Yo haré lo mismo.
Que lo único a lo que le tengamos pereza sea a las quejas y nada más.