Sacar las castañas del fuego

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Cuando comenzó todo esto a mucha gente se nos paró la vida por completo. La mayoría de las personas no podrían abrir sus negocios, a otros se nos paraban propuestas y proyectos, presentes y futuros, por tiempo indeterminado. Otros muchos continuaban desde la esencialidad.

Mi amiga Lara tiene una pequeña tienda en el barrio coruñés de Monte Alto con el residuo cero por bandera. Despensa 77 son productos a granel, de alimentación, limpieza e higiene personal. Vas allí con tus recipientes, los rellenas con la cantidad que necesitas y evitas envases desechables y cantidades que no vas a consumir. Además la calidad está más que contrastada y su cada vez mayor base de clientes habituales certifican que conocen lo que ofertan y saben de lo que hablan. Con honestidad y mucho trabajo.

Al principio del confinamiento y de las medidas de contención Despensa 77 fue tomando medidas para evitar que tanto ellas como sus clientes se contagiasen. Según todo esto iba avanzando decidieron que solamente ellas estarían en la tienda, servirían el producto, y lo entregarían a los clientes. La clientela habitual, ya avisada, podría encargar los productos y pasar a recogerlos.

Y ahí la primera hipótesis que desencadenó todo esto:

¿Cómo podrían los clientes acordarse de todos los productos y precios de la tienda?

¿Aumentaría el ticket medio de los encargos si los clientes podían acceder de forma fácil, organizada y vistosa a todos los productos?

Muchas veces cuando planteamos soluciones digitales buscamos la mejor opción tecnológica, de negocio, de diseño. Con unos plazos, unos tiempos y unos recursos determinados. Tirarse dos o tres sprints hablando sobre un botón o un flujo de “n” pantallas está genial cuando vas holgado de presupuesto y/o tiempo. Pero, ¿qué hacer cuando hay que sacar las castañas del fuego?

Llamé a Lara y le comenté que con un pequeño excel y un pequeño front prefabricado podríamos sacar en pocos días un catálogo de productos de la tienda. Una pestaña para contactar, otra pestaña con las instrucciones y otra con el catálogo y algunos filtros. Lara no se lo pensó y se puso a trabajar en sacar la información, las fotos. Yo me dediqué a conectarlo todo, ponerlo en funcionamiento y que tuviese sentido.

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Una vez hecho, probar que todo estuviese bien, que todo estuviese ajustado y ver cómo se iban a salvar determinadas carencias. Lara eligió Vanenbike, una empresa de la ciudad que reparte a domicilio en bici, para los que no pueden acercarse al barrio a pie. Los pagos, por transfer o por Bizum. El control de stocks con malabares y experiencia. Los pedidos por whatsapp. La difusión con stories de Instagram, posts en facebook y boca a oreja. Ahí es donde te das cuenta que las soluciones digitales tienen que llevar detrás un montón de decisiones de negocio, logísticas, financieras, etc. para que todo funcione. Lo digital, una app, una web por sí misma no sirve para nada. Es como las introduces, como la adaptas a ti y como tu te adaptas a ella.

¿El resultado? Tras dos semanas 1350 usuarios han instalado la webapp. Un montón de feliz y duro trabajo. Más seguridad, cercanía y disponibilidad para una clientela contenta que comparte en redes pedidos recibidos y fantásticas recetas.

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