A ti no tanto como a mí.
A estas altas horas de la noche me encuentro escribiéndote de nuevo y quisiera que pudieras presenciar mi rabia, que pudieras admirar lo rápido que mis manos se mueven y mi tinta se malgasta.
Nunca aprendí a reprimir mi coraje ni tampoco mi tristeza, pero tampoco he encontrado una manera diferente de saciarlos mas que escribiendo y llorando…
Es increíble como a un instante de nada aprendes todo.
Me cuesta trabajo comprender la magia con la que las almas se enamoran en puritita fugacidad sin pensar, sin sentir que hay más por indagar, por encontrar, por descubrir.
Me enamoré de tu alma y tus palabras tan bonitas, con tu manera tan cursi de encontrar que decir siempre aunque “no supieras que decir “, porque su vibra era diferente, era especial… pero nunca lo suficientemente especial para convencerme de ti, de mi, de nosotros.
Hoy, unas cuantas muchísimas lunas después lo descubrí.
Me encantas si te pienso pero porque te pienso como te conocí, como fuiste y no tanto como eres.
Estoy clavada en esta fase de negatividad que le hace mucho daño a mi cuerpo… me siento sucia, me siento externa a mí.
¿Por que carajos? Con tus mismitas palabras.
¿Que tan complicada es la verdad?
¿Por que carajos no fuimos directos?
Tus frías maneras congelaron mis bonitos pensamientos, mis bonitos recuerdos, nuestros bonitos momentos.
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