Cuando el último en confiar en ti, eres tú.

Si hace un año me hubieran contado lo que estoy viviendo el día de hoy, en este justo momento que estoy escribiendo, me hubiera reído bastante (y me hubiera puesto bastante roja). ¿Cómo iba a lograr yo eso?

Un 26 de julio del año pasado, estaba llena de estrés consiguiendo la documentación necesaria para tramitar la visa española para poder venir a Barcelona a estudiar un Master en Diseño Web. Un sueño que tenía ya desde más de diez años atrás (lo de estudiar en el extranjero, no lo de Web, que de eso no tenía ni idea).

Llegué a Barcelona más despistada que nada, siendo la primera vez que tocaba Europa y que me alejaba 9mil kilómetros de mi familia en México. Si mi perfeccionismo me ha hecho sentir siempre que no soy lo suficientemente buena, agreguémosle a eso estar un continente fuera de mi zona de confort.

Solía pensar que si algo bueno pasaba, seguro era suerte. Nunca pensaba que era por que era competente y hacía las cosas bien. Incluso me frenaba ciertos sueños por que “no soy lo suficientemente buena”, ó “no tengo el suficiente conocimiento”.

Cuando Norwegian Airlines me llamó para hacer varias entrevistas a medio master, suerte. Cuando entregué un trabajo final que el maestro consideró el mejor del master (hasta me cuesta escribirlo de la pena que aún me da admitir que eso dijo), suerte.

Entonces me propuse seguir atrayendo esa suerte. Comencé por ponerle mas empeño a mi calidad humana, #karma. Pero me di cuenta de que no podía avanzar si no me permitía aplaudirme un poco a mi misma y a mis pequeños logros.

Si no confiaba en mi, ni en lo que puedo lograr, aquella dichosa suerte llegaría a su límite.

Decidí decir basta de ver sueños reflejados a través de otros, a través de una pantalla. Es momento de saber (ojo, saber, no creer) que los puedo lograr y vivir en carne viva. Que tengo lo que más se necesita, corazón. Lo demás que no sé, lo aprendo como cualquiera.

Hoy 26 de julio de este año, ya graduada del master, es mi segundo día trabajando en aquella agencia que vi en internet desde México, mucho antes de venir a Barcelona, en la que pensé “wow, qué chingón sería trabajar ahí”. Suerte.