Pequeños adultos

¿Sabéis de esos amigos que ves muy de vez en cuando, pero que han formado parte de una buena época de tu vida y, de repente, los ves crecer y tomar decisiones que tú jamás tomarías? Y dices: “Parece que nos hemos hecho mayores”.

Fuente: Pexels.com

Mis amigos son pequeños adultos. Pocos tuvieron hijos, pocos dieron el paso de casarse, pero a la hora de trabajar… Todos se han esforzado mucho. La mayoría de ellos han tenido que tomar ya duras decisiones. Salir a trabajar fuera del país es una de las más comunes. Algunos solo se mudaron de ciudad, otros tuvieron que volver a la suya, con sus padres.

En ocasiones, decidieron cambiar de profesión, empezar desde cero en otra cosa que siempre les gustó, con la sensación de haber perdido su tiempo en una carrera.

Muchos de ellos consiguieron trabajo, aunque la mayoría están explotados, trabajando muchas horas con un sueldo que apenas les da para pagar el alquiler.

Y la mayoría de nosotros llegó ya a la treintena. Pero tenemos suerte, porque casi todos tenemos trabajo (algunos son “emprendedores”) e incluso nos hemos emancipado. No tenemos grandes ambiciones, pero tenemos un trabajo. Tenemos un sueldo, aunque no todos tienen un contrato que se ajuste al sacrificio que hacen, al tiempo que le dedican, restándoselo a sí mismos, a su crecimiento personal y profesional, a su vida privada, a vivir. Pero tampoco les llega el sueldo para vivir tanto…

Pero pagamos la luz. Pagamos la luz y el agua, también el alquiler, normalmente con puntualidad. Porque somos pequeños adultos. Adultos que no nos sentimos preparados para serlo, porque hemos llegado un poquito tarde a todo. O porque ya no nos van esas cosas de las bodas (carísimo) o tener hijos (primero tendré que aprender a cuidarme yo). No hablemos de comprar un piso…

Por ahí leí que la generación de los Millennials “demora la transición entre la infancia y la adultez, como respuesta a ciertos errores que cometieron sus padres”. Pero, ¿les queda otra?

No soy un gran ejemplo del antiguo prototipo de “adultos” y apuesto por una madurez que no tenga que ir acompañada de los elementos “pareja, piso e hijos”. Pero, ¿nos queda otra?

Esta es simplemente una pequeña opinión espontánea, que ha surgido de experiencias personales y de amigos cercanos, que continúan emigrando en busca de oportunidades. Desde aquí deciros que os admiro mucho y que algún día se reconocerá el talento de nuestra generación. Mucha suerte.

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