Ciudades Invencibles

“La ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todo el mundo, sólo y cuando son creadas por todo el mundo.” Jane Jacobs

Plaza Garibaldi- Medellín. Zona Estadio

Cuando recorro las calle de Medellín, es inevitable pensar en el libro Medellín es así de Ricardo Aricapa. Ese Medellín que él describe con todos los detalles y que está repleta de subculturas urbanas que luchan por vivir frente a los rezagos de una Medellín mafiosa.

Sí, resulta triste decirlo, pero aún se siguen viendo las tetas operadas, las carrangas resucitadas, las motos de alto cilidraje con sicarios a bordo, los extranjeros buscando mujeres y droga, la plata “mal habida” y muchas otras cosas más en las que no gastaré palabras.

Pese a lo anterior, Medellín sobrevive. Medellín es como ese niño que no tiene juguetes un 24 de diciembre y sigue pensando en lo feliz que es y puede ser. Ese es mí Medellín, el de la gente que trabaja más de doce horas como hormiguita por ver sus hijos contentos. el de los raspados de tres colores en las esquinas de las universidades y los colegios, el de los cigarrillos menudiados*, el de las papas criollas* con sal, limón, pimienta y salsa rosada. El de los mangos, los bananos y los murrapos* en las esquinas de los “PARES”*.

La gente de Medellín tiene la capacidad de re-inventarse a sí mismas todo el tiempo. Lo digo porque la Policía se lleva consigo un toldo de un vendedor ambulante. Y después de la tormenta que pasa el señor, él mira que va a hacer o se inventa qué va ser al otro día. Lo único que tiene seguro él, es que en la tienda le fían. Por eso, mi ciudad es un ave fénix después de los años 90. Después del innombrable. Después de la tormenta que vive en señor viene la calma. Ese es el Medellín de 2017. Una ciudad con esperanza.

Medellín es salsero, reguetonero, es rap, es hip hop, , es bolero, es tango, es vallenato, es cuchi cuchi, es metal, es música de plancha* es indie, es cumbiero, es rock en español y es música clásica… Todos los ritmos lo acompañan, es por esto que Medellín es de muchos colores, del verde, del rojo, del naranja y todos los que falten en la paleta reflejados en todas sus flóres... Es de fútbol, es skate, es patines, es bicicleta…no alcanzaría el espacio para describirlo. Es Mercedes, es Mazda, es Renault, Hyundai, Chevrolet…es por esto que Medellín es y será.

En los años 90, Medellín era miedo, muerte, incertidumbre, carros bombas, collares bombas, niños bombas, hombres bombas, chiclé bomba. Era caos, la vida tenía precio, ahora no. Ahora, Medellín es arte…es bibliotecas en la periferia, es bromas con doble sentido, es amistad, es bicicross, es Mariana… Medellín nació con estrella y con “estrella estéreo” también (risa) Medellín es risa. Es alegría, es parlache*, es sancocho* en la acera, es pólvora en diciembre, es cerveza y charla hasta el amanecer. ¿Cómo no querer a Medellín? Si tanto nos ha dado, y aún sobrevive al maldito narcotráfico. ¿Por qué seguir nombrando a aquella persona, que no voy a nombrar, si hay mucho más para ver?

Medellín es la gente, y si vive ahora como una bonita ciudad es por sus habitantes, porque los paisas somos, buena gentes, y Medellín es así, para retomar de nuevo las palabras de Janet Jacobs las ciudades las hace las personas y Medellín es pura “Vacanería” papa!

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