Megan Calvet o el amor después del amor

Sally irrumpe inesperadamente en la oficina de su padre Don Draper, en el episodio 9 de la cuarta temporada de Mad Men. Si bien se podía percibir durante los capítulos anteriores cierta tendencia de Sally hacia la desobediencia —sobre todo hacia su madre, Betty, ahora convertida en la señora Francis — , en este episodio se muestra el verdadero carácter de la hija de Draper: se niega — a los gritos — a irse con su madre cuando Don le comunica que ésta se encuentra en la planta baja, en la recepción: Sally corre desesperada por los pasillos de Sterling Cooper Draper Pryce luego de ser reprendida por su padre y tropieza con su destino: en la caída violenta encuentra, al levantarse, el abrazo de Megan Calvet, por entonces secretaria de Draper. Sally había mostrado resistencia hacia la doctora Faye Miller, quien intentaba convencerla de irse a su casa. Faye mantiene un amorío con Don e intenta ayudarlo a superar su crisis. Una crisis de Edipo reprimido, porque en Mad Men tramposamente todo trata sobre Don Draper.

Ante el pedido de Don, Faye Miller dice: “No soy especialista en psicología infantil”, sin embargo, Draper le insiste con que convenza a Sally de regresar a la casa con su madre. Faye fracasa en convencer a Sally y los cimientos del amor entre Draper y ella se desmoronan de poco. Draper quiere que Faye sea su madre y su esposa, su lugar donde acudir cuando no puede controlar la más mínima situación doméstica. Faye siente que fracasa profesionalmente y amorosamente al no poder con la hija de quien, se supone, está enamorada. Faye no fracasa, Draper la hace sentir fracasada. Es el reproche del niño hacia su madre.

El abrazo de Sally con Megan es el preludio del amor que Don sentirá luego por ella. Draper se enamorará de Megan Calvet, sentirá dependencia emocional-sexual y reconocerá que está enamorado. “Quiero saber si mañana por la noche podré volver a golpear esta puerta y me atenderás”, le dice a Megan cuando están con sus hijos en California.

El abrazo, no lo maternal, sino la empatía de Megan hacia Sally y de Sally hacia Megan multiplican las posibilidades de que Don permanezca en esa mujer peculiar: “Creo que estoy enamorado de ti”, le dice en California, y le ofrece un anillo de compromiso. Inmediatamente, Calvet llama a sus padres y les comunica en francés la buena noticia. Megan habla un idioma desconocido para Draper: el idioma de la felicidad compartida con la familia.

Draper parece realmente enamorado: lo anunciará luego en la oficina al regreso del viaje a California. Se lo informará a su ex, Betty, ésta no reaccionará de un modo amable ni efusivo, simplemente la situación la entristece. Casi como un Mersault moderno.

Ahora bien, la irrupción (¿imprevisible?) de Megan en la vida de Draper se da de modo violento e inesperado: primero aparece en medio de una reunión para avisarle que Sally estaba en el edificio; luego le comunica que la secretaria, Miss Blankenship, había muerto.

El destino parece estar a favor de que Megan y Draper estén juntos: “¿Te das cuenta de todo lo que tuvo que suceder para que nos conociéramos?”, le dice Don a modo de justificativo de su enamoramiento (¿repentino?), luego de proponerle casamiento. El destino como factor principal mueve las piezas de este episodio; la huida y la desobediencia lo sustentan.

El amor y la muerte tienen lugar en California: este lugar representa siempre para Draper el inicio de una nueva etapa, en este caso, el viaje derivó en un enamoramiento del cual él no se había percatado, como cualquier enamorado.

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