Hay un grupo de amigas sentadas frente a mí. Tengo la terrible obsesión de escuchar conversaciones ajenas y opinar sobre ellas de manera anónima. Mi padre hace lo mismo. Lo supe en el viaje que hicimos en el verano. Íbamos de vuelta al hotel, de vuelta a casa, y justo detrás de nosotros en el camión se encontraba una pareja de amigos que querían ligar (según nuestras conclusiones). Hablaron sin parar durante todo el trayecto. Mi pá y yo no decíamos nada. Veíamos el paisaje. Cuando llegamos a nuestro destino pudimos hablar sobre esa conversación ajena por casi una hora, decidiendo cuál de los dos personajes tenía más interés en el otro y decía más mentiras para parecer interesante.
Fue gracioso.
Ahora veo a este grupo de amigas hablar sobre sus problemas y su evolución personal y me hace extrañar a mis amigas. Hablar hasta que nos duela la cabeza sobre problemas a los que no les damos solución. Quizás porque estudiamos letras, idk.
Pienso en R., en cómo escribe que ya no es la misma y eso me hace extrañarla más y pensar que quizás sí es la misma porque quiero que sigamos siendo amigas. Pienso en T., que vive en la misma ciudad que yo pero que nunca nos ponemos de acuerdo para ir por un café. Pienso en que en realidad no tengo muchas amigas pero que me gustan las que tengo. Pienso en que yo también quisiera ser otra persona a veces.
D. dice que pienso demasiado. I don’t know.
