Cada vez participo menos en escaramuzas climáticas, pero de vez en cuando sucumbo a la tentación y dejo un comentario, como por ejemplo en ésta entrada. Habituado a la censura (aunque no ha sido el caso) siempre intento dejar un backup de lo que escribo, y eso, en definitiva es esta entrada.
Buenos días. La verdad es que intento darme de baja de este debate del Clima que cada vez me parece menos interesante (es un bucle infinito) y más contaminado por consideraciones políticas (lobbies económicos a ambos lados del debate, muy especialmente en el alarmista) y religiosas (el uso de la Ciencia como una religión por parte del alarmismo, con sus dogmas, mandamientos, frailes, santa iglesia, milagros, herejes, concilios…). Aún así no puedo evitar dejar unos pocos comentarios al respecto:
”La clave es que estás hablando de outsiders, no de climatólogos.” Me queda duda de qué acepción de la palabra inglesa “outsider” estás considerando (¿intruso, forastero, independiente, canalla…?), pero me temo lo peor. Para el lector no acostumbrado a bregar con ad-hominem le recomiendo que revise esta lista de “outsiders”.
Luego parece que el debate se cerraría simplemente leyendo el blog de Tamino, un afamado torturador de datos, que siempre consigue que “canten” lo que el mismo quiere oír (por ejemplo, entre lo más reciente, aunque su blog está lleno). ¿Es esta una muestra de los “insiders”?
Sobre la falaz comparación entre climatología (alarmista) y cosmología una simple consideración: la cosmología es una rama de la Física que se basa en campos (astrofísica, física atómica y nuclear, espectroscopia…) y teorías (mecánica cuántica, relatividad especial y general, modelo estándar…) de la propia Física perfectamente asentadas, y que descansan en sólidas bases teóricas y empíricas desarrolladas en ocasiones durante miles de años. La Climatología alarmista es reciente, extraordinariamente multidisciplinar, gravemente politizada (es un organismo político, y no el Método Científico, el que cuantifica sus logros) y que aventura pronósticos a “décadas vista” sabiendo que la validación empírica será irrelevante en el sentido de que su objetivo es modular las políticas energéticas actuales, no las futuras.
“La incertidumbre no está en la física, sino en los eventos futuros.”
No, la incertidumbre está en ambos lados. En la Física porque seguimos sin conocer algunos mecanismos esenciales para poder modelizar el clima futuro: comportamiento de nubes y aerosoles son un caso paradigmático, reconocido (aunque ocultado, disimulado, minimizado en los sucesivos informes del IPCC) y con un peso fundamental para poder estimar la sensibilidad climática del CO2, que en última instancia es la variable que nos dirá si nos tenemos que preocupar, o por el contrario, podemos seguir riéndonos de los alarmistas de la misma manera que de los homeópatas.
Y sobre los eventos futuros poca discusión puede haber, y no solo los escenarios que pintas como extremos (“un meteorito o que de pronto el sol baje su actividad de una manera órdenes de magnitud mayores a como lo ha hecho en los últimos cientos de años”), sino por cambios propiciados por los propios seres humanos (si es que conseguimos arrinconar al alarmismo), por ejemplo el desarrollo de nuevas fuentes de energía sin emisiones de CO2 (mi apuesta siempre ha sido la fusión de hidrógeno).
Siempre es agradable leer comentarios equilibrados y cargados del sentido común que los alarmistas niegan a los legos (e incluso a los técnicos que no trabajan específicamente en Climatología), y que no se dejan amilanar por las falacias de autoridad de los frailes del alarmismo. Enhorabuena.
Muy interesantes tus documentos, los leeré tranquilamente. Y estoy de acuerdo en tu valoración de las grandes incertidumbres en sensibilidad climática, forzamiento radiativo por aerosoles, modelización de escenarios… De hecho yo siempre he pensado que la sensibilidad climática es el verdadero caballo de batalla del debate. Estoy convencido de que poco a poco se están bajando del caballo (el AR5 ya ni siquiera da un “valor más probable”) y han disminuido los dos extremos en la distribución de valores. Y las evidencias empíricas apuntan a valores aún más bajos que se corresponderían con un calentamiento a todas luces beneficioso para el planeta.
Creo también que ciertos movimientos en esa dirección se empiezan a apreciar en diferentes ámbitos de la “ortodoxia climática”. Quizá estamos ante un paulatino relevo generacional y puede (y debe) empezar a aflorar mucha gente que ha estado arrinconada por miedo al ostracismo académico, y que ya no puede seguir prostituyendo la Ciencia sin que se les caiga la cara de vergüenza. En todo caso la inercia es muy grande, como un barco que quita máquinas y sigue navegando aún muchas millas en el mismo rumbo, y pasarán lustros para limpiar toda la basura epistemológica que se ha vertido sobre el Método Científico. Al menos nos queda que será muy divertido contemplar el proceso y disfrutar de la imagen de hordas de ratas saltando por la borda a mar abierto.
En cuanto al artículo propiamente dicho, considero que la frase que lo cierra es esencial:
Hoy, existe un consenso científico sobre el hecho de que los niveles globales de dióxido de carbono en la atmósfera han aumentado por la actividad humana y que está teniendo lugar un calentamiento a escala global. No está del todo establecida la relación entre los dos hechos, la participación de otros factores y la evolución futura del cambio climático.
Y es que una de las falacias favoritas del alarmismo, el hombre de paja, consiste en acusar a los escépticos (negacionistas según ellos) de negar lo que no niegan: el aumento del CO2 debido a las actividades humanas, y que se ha producido un calentamiento global en la segunda parte del siglo XX. Lo que se discute es la cuantificación de la componente antrópica en ese calentamiento, y lo que se niega (y siempre se negará) es el uso de la Ciencia como herramienta política. La Ciencia no puede ser regulada, solo el Método Científico puede acercarse a la realidad en las Ciencias Naturales. Por tanto el uso por parte de la Climatología alarmista de herramientas políticas (el consenso, la coacción y la propaganda) ajenas al Método Científico, no solo no aportan conocimiento a su campo, sino que ponen en evidencia las limitaciones de las hipótesis alarmistas.
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