GRACIAS MAESTROS

Pasaron varios por mi vida. Así como se llama el libro, cuyo nombre del autor no recuerdo: “Muchas vidas, muchos maestros”

Los recuerdo con cariño y afecto. Algunos me enseñaron herramientas para desenvolverme en esta vida. Otros me enseñaron, que muchas veces, jugar era más importante que estudiar. Pero todos (y me refiero a todos), dejaron una huella importante en mi corazón y en mi pensar.

Recuerdo con cariño a la Tere. Fue mi profesora jefe y era maestra de matemática (recuerdo que le encantaba recalcar con ahínco, que la palabra era “matemática” y no “matemáticas”. Solía ser de carácter fuerte y directo, pero también tenía su lado cariñoso y contenedor. Con ella aprendí que la matemática, no era tan desagradable como yo creía.

Otro maestro, mi profesor de la PUCV, Ricardo, fue siempre una figura paterna para mí. Me reprendía cuando la estaba cagando (casi siempre la cagaba), me sonreía cuando le contaba algo gracioso y ponía cara de tristeza cuando le contaba que algo malo me había pasado. Me marcó dos veces en mi vida de estudiante: La primera vez, fue cuando dijo a viva voz frente a la clase, luego de revisar las carpetas de dibujo. “Me sorprendió la diversidad de Marín”. Creo que en toda mi vida de estudiante, no había recibido un halago con tanto orgullo. La segunda vez fue cuando llegué con mi maqueta una mañana. Yo era “titulante” en este entonces y me quedaba poco para terminar la carrera de diseño de objetos. Miró mi maqueta con mucho cuidado, y me dijo: “Marín, me sorprendiste”. Mi pecho se infló. “Miren que fino, que delicado”, le decía a unas alumnas. Épico.

Pero siempre mi gran maestro, ha sido mi papá.

Mi padre tiene hoy 60 años. Muchos lo tildan de “viejo choro”, yo prefiero definirlo como un “adulto mayor que se niega a ser viejo”. Mi viejo me enseñó el 80% de las cosas importantes que me han servido en la vida. Me enseñó a respetar a las mujeres, a ser consciente de mis actos y de lo que soy como hombre. Me enseñó a ordenar mis prioridades y mis objetivos. Y siempre me dejó ser y hacer lo que quise. Y lo más importante, siempre me apoya en mis decisiones. Un día lo escuché decir: “Yo soy un tipo que se saca la cresta de lunes a viernes, trabajando en lo que le gusta, para ser un hippie todo el fin de semana”. Creo que es una gran lección de vida. Yo cuando viejo quiero ser como mi papá, y ojalá tener la mitad de la sabiduría que tiene él para criar hijos, formar familia y cuidar a su mujer (mi mamá).

Gracias maestros, por ser lo que son. Gracias Teresa, gracias Ricardo y gracias papá.