Santiago #Superstar 2

Nosotros en la cumbre del San Cristóbal

Hace por lo menos 15 años que no subía el San Cristóbal (si es que no son más), así que el Sábado pasado, mi compañera de aventuras Nataly y yo, nos fuimos de excursión a la montaña.

Nos juntamos a las 11 de la mañana y emprendimos el rumbo. Entramos por Pio Nono. El día estaba gris (como se ve en la foto de arriba), pero eso no impidió que subiéramos con entusiasmo. De hecho fue fantástico subir con baja temperatura porque nunca nos dio calor.

¡Mujeres al deporte! “¿Por qué el deporte lo practican tan pocas mujeres?” se preguntaba la Nataly. Yo me pregunto lo mismo. Por favor queridas, salgan más a hacer deporte, y si no tienen compañerito o compañerita de salidas, vayan solas. Lo van a pasar bien igual.

Es divertido observar a la gente mientras subes el cerro. Están los que suben trotando, los que caminan con ritmo como nosotros, los ciclistas, los padres, los hijos, etc. Todos disfrutan, y yo me di cuenta de que extrañaba el cerro (y que por cierto necesitaba deporte). Toma poco más de 1 hora y cuarto subirlo. Y está lindo el San Cristóbal.

Llegamos a la cima y había un carrito que vendía frutos secos. Tenía Blues en su radio. Superlativo. Nos tomamos un té fantástico y contemplamos lo poco y nada que se veía de Santiago desde las alturas. Igual fue lindo.

Alarma de hambre. Luego de bajar el cerro e irnos a comprar Tea lights (velas pequeñas circulares) que Nataly necesitaba, enfilamos hacia “El Árbol” y nadie predijo lo que podía suceder: estaba cerrado. “¿Y para dónde vamos ahora?” nos preguntamos. “Yo tengo la Solución”, dijo Nataly. Y partimos hacia una picada que tendía sánguches fabulosos (y no me acuwerdo el nombre de la picada, pero ya se los contaré). Me comí un Frankfurt (lleno de vegetales maravillosos) y me tomé una Erdinger Dunkel, mi cerveza favorita. Nataly se tomó un gran té y una gran ensalada que no puedo terminar (es que si, era monstruosamente grande y contundente).

La ensalada, Nataly, mi sánguche y yo.

El plan era ir a ver películas luego de comer y el Centro Arte Alameda fue nuestra siguiente parada, no sin antes zamparnos un glorioso helado por el Barrio Bellas Artes (también olvidéel nombre de la heladería). Creo que hace tiempo, no tenía un subidón de azúcar tan alto.

Fuimos a ver “Mommy”, un drama canadiense, hablado en francés que la verdad nos dejó para adentro. No voy a hablar de la película, pero usted, usted debería verla. Excelente.

Vaya a verla.

Se acabó la película y con mi compañera de aventuras, nos fuimos casi en silencio hasta el metro. Nos despedimos con un gran abrazo y cada uno tomó rumbo hacia un nuevo destino. Mis audífonos en mis oídos. Sonaba ‘High and Dry’ de Radiohead. Sublime canción, para tan sublime jornada.

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