10 minutos y 30 segundos

No sé si es verdad que cuando te morís se te cruzan todos tus recuerdos por tu mente, porque todavía (por suerte) sigo acá. Pero hubieron treinta segundos de mi vida que pensé que no había chance alguna de seguir viviendo. En esos treinta segundos de muerte segura tuve más pensamientos consecutivos y profundos que en los siguientes diez minutos.

Esos siguientes diez minutos fueron de inestabilidad pura, variando entre desesperación, calma, esperanza, desesperanza, gritos, silencio, búsqueda, encuentro, dolor, asfixia y el alivio final manifestado en un abrazo.

En total fueron diez minutos y treinta segundos que representaron en mi mente más de media hora. Pude ver lo que nadie quisiera ver, pero el mayor recuerdo que tengo es el súperpoder de haber visto la salida a través de una pared.

10 minutos y 30 segundos, 10 años después.

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