El sueño de Don Draper

¿créditos de qué?

Casi las seis de la tarde. Viajo un pequeño descanso.

Hoy no será la excepción. Voy a Parque del Plata porque allí tenemos reunión para confirmar el itinerario en el Sudeste Asiático y Nepal. Como temprano terminaremos apenas pasada la medianoche. Como temprano.

Pero no quiero utilizar esa excusa, de «días cargados», para justificar mi ausencia en este blog.

Hago un paréntesis porque se me ocurre que los blogueros que mantenemos diarios de viaje deberíamos sindicalizarnos y luchar por un seguro de enfermedad para que nos indemnice cuando no podemos escribir un post por bloqueo mental.

Listo, lo dije: estaba bloqueado. En mi mente solo había eco. Pero ahora, gracias a dios, además del eco tengo ganas de molestar. Y por eso escribo.

Mientras el ómnibus pasa por un tablado de carnaval que se llama MONUMENTAL DE LA COSTA, empiezo a preocuparme porque no sé si me sirve. El destino dice, efectivamente, Parque del Plata. Pero nunca entiendo las paradas de los balnearios. Las referencias para bajarse son un poco difusas: después de la ANCAP, antes de Tienda Inglesa, a veinte metros de la carnicería El Tuerto y así la lista sigue.

No quiero llamar a nadie para verificar si voy en el bondi correcto. Me recuesto en el asiento y escribo.

Los días que pasaron también estuvieron cargados de sentimientos. Y esa sí creo que es la excusa. No pude escribir porque mis emociones lo impedían.

En cada parada presto atención a los carteles. Pienso que el ruido visual es desagradable. La publicidad gráfica atomiza los bordes de la carretera. Los diseños se montan unos a otros y de ese apareamiento nace una contaminación que corta toda posibilidad de comunicar a través de la vista.

Los amigos se extrañan. Extrañamos porque con los amigos conversamos en un código propio y también extrañamos porque con los amigos tenemos menos prejuicios y el espacio para que corran las palabras es más amplio. Por eso empezamos hablando de que el verano fue generoso para hacer crecer la barriga y terminamos hilvanando ideas para concretar la proyección de una obra de arte en la luna.

No me aguanté y consulté por whatsapp a los gurises para ver si este ómnibus me sirve. Ustedes tenían razón: me deja a veinte cuadras. Pero si le pido que me baje en la C y la 9 capaz que camino la mitad. Le voy a pedir. «Por favor señor chofer: ¿sería tan amable de bajarme en la intersección de las calles C y 9 de Parque del Plata?». Respondió que me avisa.

Ayer 29 de enero la emoción me atacó temprano porque al despertar revisé Facebook y en el estado de Mathi leí el saludo que le dejó a Martín, por la fecha de su cumpleaños. Martín falleció hace años, cuando ni siquiera habíamos cumplido veinte. Las palabras de Mathi, que en aquella época era un párvulo que nos seguía a todas partes, hacían referencia a que Martín está presente día a día. Me sentí identificado en ese cariño y en ese dolor. Demoré en levantarme porque preferí dedicar unos minutos a recordarlo y llorarlo como si esa fuera la mejor forma de decirle que acá también está presente. Le dije «que los cumplas feliz» y le advertí que los 32 pasan rápido y no da el tiempo para ponerse a mirar el techo.

Y las lágrimas dejaron paso al desayuno y el desayuno habilitó las horas de trabajo. Por último el trabajo cesó ante la inminencia del sábado.

Ah, no les conté pero ya me bajé del ómnibus y ahora camino sobre el asfalto.

Tengo que terminar el post antes de llegar a la casa de Chechu. Así que a meter huevo.

La idea que comenté con los amigos del jueves, consiste en proyectar imágenes en la luna para que sean vistas desde la Tierra.

La visualización sería en vivo para todos los terrícolas. En principio la propuesta es que se proyecte una obra de arte estática. Para el paso siguiente serían imágenes animadas. Volveríamos al cine mudo pero la audiencia será total.

Claro que no podemos negar la oportunidad que representa para las agencias de publicidad. El sueño de Don Draper. Coca cola deseando buenas noches desde el cielo con una luna roja guiñando el ojo.

La amenaza publicitaria es inevitable y poderosa pero no nos adelantemos, faltan horas de investigación y algunos millones de dólares para su implementación.

Por el momento disfrutemos que los amigos están cerca y que los choferes nos avisan en dónde es la parada.

Voy a doblar la esquina. Fueron dos días sin escribir pero me repuse y ahora termino el post justo antes de tocar timbre. ¡Clap! ¡Clap! ¿Me abren?

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