Escribir con sangre
Escribir se escribe con sangre pero no con sangre a derramar, sino con la que circula por arterias y venas. Con eso que nos mantiene vivos, cantando, latiendo, delirando, creando.
No sé que sería de mí sin mis palabras. Tampoco sé que sería de mis palabras sin mí. Eso es algo que debemos aprender cuando damos nuestros primeros pasos, cuando empezamos a dejar la sangre en lo que hacemos, no sólo en la escritura.
Parece que hoy estoy más inspirado que ayer. Aunque espero que esta inspiración sea bastante menos que la de mañana.
Me resulta interesante la idea de llenar un diario con cuestiones más cercanas al éter. Porque eso también es lo que somos. No creo que seamos únicamente una masa corpórea cargada con huesos, riñones y piel. Eso sería un menosprecio muy grande para nuestra historia.
Considero que soy algo más que las calles que vi, que las puertas que cerré y que las copas que bebí. Incluso, y de esto estoy convencido, soy más de lo que yo mismo soy. Más que todo el ego que desborda en esta redacción. No tengo evidencias que comprueben mis dichos pero tengo alma para demostrar que vivo por una causa que me mueve a actuar.
Este post es un incendio. Y no lo quiero controlar. Mucho menos apagar. Sé que estoy desviando el propósito de mi diario pero insisto: ¿qué sería de un diario sin la desviación de una vida que responde por sí misma? Creo que sería un diario muerto, el diario de una piedra o de un farol con la luz sin llama.
Podría detenerme a comentar que hoy vi la película sobre la vida del primer hombre que arriesgó todo para abandonar su cuerpo masculino que no sentía como propio. Podría, también, hacer énfasis en la actuación de Eddie Redmayne asumiendo un personaje con toda la valentía que caracteriza a los buenos actores. Llenando a esa Lili, hombre travestido hecho mujer, de gestos que la hicieron la más humana de todas las mujeres que aparecieron en el film. Podría confesar que salí del cine con el impulso de decir que la película me inspiró a escribir. Pero sentiría que no me alcanzarían las palabras.
Estoy entregado. Mi vida ya no podrá estar dedicada al encierro de una oficina ni a las directivas de un jefe, use pollera o tacos, vista corbata o traje. Me entregué al viento intempestivo de un más allá que está cada vez más acá. Es la fuerza de la creación que me domina sin que yo pueda influirla. Ya no son mis ideas, hace meses que ni siquiera son mis necesidades.
No puedo definirlo. Tampoco puedo negarlo. ¿Es arte? ¿Es vida? ¿Es amor? Lo único que puedo hacer es acompañarlo con carne y espíritu. Con los pies descalzos y los puños apretados. Con esos mismos puños que golpean las puertas que están abiertas. Porque si es arte, entonces, esas manos que tampoco son mías (o no son solamente mías) se escurrirán por las praderas hasta llegar a un lago donde se refleje la verdad que están buscando.
Y si de verdad es arte, llegado el momento de esa revelación, descubrirán que esa verdad es un pasaje a una verdad superior. Donde lo único que se sabrá, es que el momento es ahora, que ya no podemos esperar. Que lo único que podemos hacer es escribir con sangre.