Retazos, hilos y botones

Después de muchos años, al retornar a su pueblo natal en el sur de Japón, Tsukimi Ayano descubrió que la desolación dominaba el paisaje.

Para enfrentarse a esa soledad se le ocurrió confeccionar un muñeco de trapo que invocase la presencia de su padre. Con esa figura antropomórfica sentada en el living, construida a base de retazos, hilos y botones, se sintió acompañada y alivió esa sensación de vivir en un paraje post-apocalíptico.

Según cuenta, la posibilidad de expresarse con aguja e hilo la impulsó a crear cientos de muñecos que ahora conviven con ella en distintos puntos de la villa. También comenta que tiene muy buena mano para representar ancianas. Pero, si prestamos atención a los otros personajes que mantienen con firmeza la postura asignada por su creadora, ya sea en el puente, en el jardín, la escuela o la bicicleta, podemos comprobar la enorme capacidad de Tsukimi para convertir los trapos que alguna vez fueron uniformes o vestidos de gala en rostros con expresiones tan sutiles como humanas.