Amor de mamá

Sebastián Ignacio
Sep 7, 2018 · 3 min read

Alejandra Díaz Carrasco tiene 47 años y trabaja como quiosquera desde el año 2013. Su local se encuentra al interior del Colegio Don Orione, ubicado en la comuna de Cerrillos, donde su presencia no pasa desapercibida, puesto que para los alumnos no es solo una trabajadora más dentro del establecimiento, sino que es su confidente y segunda madre.

Alejandra ha tenido que adaptarse al entorno, puesto que la convivencia dentro de un colegio de hombres no es la misma que en un colegio mixto. “ Me he tenido que adaptar a ellos, a sus garabatos, a sus modales, a sus eructos”.

Alejandra trabajó gran parte de su vida como costurera en un taller donde confeccionaba buzos y delantales para un jardín infantil, sin embargo, los pedidos fueron decayendo poco a poco y ante eso, fue despedida, teniendo que buscar algún empleo. Así llegó la propuesta de una amiga para trabajar en el casino del Colegio Don Orione, donde estuvieron un año. En 2013 ante el fallecimiento del hijo de su amiga, Alejandra comenzó a trabajar junto a ella en uno de los quiosco que hay dentro del colegio.

Uno de los recuerdos que tiene del hijo de su amiga, Camilito, como le dice de cariño.

Desde aquel momento, fue creando lazos de confianza con los alumnos del establecimiento, quienes se acercaban a ella para conversar y desahogarse, convirtiéndose poco a poco en su confidente. En 2015, su amiga decidió no seguir en el quiosco, producto de aquello, Alejandra comenzó a trabajar sola.

La relación que ha forjado con cada uno de los jóvenes es única, puesto que no es solo de respeto, sino que también de cariño y amor. Esto le ha servido para conocer el comportamiento de los niños.“Es mucho lo que uno aprende, tú te das cuenta por qué muchos chiquillos tienen tan mal comportamiento o por qué actúan de cierta manera”, señala con algún grado de pena en sus ojos.

Alejandra dice conocer la vida de casi todos, pero no por preguntarles, sino porque ellos mismos se las cuentas mientras le piden consejos, ya que la ven y la siente como una persona de confianza y sabiduría. De igual manera, comenta que trabajar en el quiosco ha sido algo enriquecedor, puesto que le ha servido para ser una mejor persona y a conocer realmente a la juventud.

Mientras conversábamos, Alejandra me señala uno de los rincones de su quiosco. “El rincón de los regalitos”, como le llama ella. Allí tiene diversos regalos que le han dado los alumnos cada vez que pueden, algo que demuestra que la relación que tiene con ellos no es solo dentro del colegio, sino algo que trasciende en sus vidas. “Tengo pulseras de la protección, un monito de lana, la virgencita de Brasil, el cristo de Brasil, una postal de Cuba y muchos otros obsequios más”, menciona con cariño. Del mismo modo, dice que hay muchos exalumnos que vienen a visitarla y le cuentan sus progresos, sus amores, sus aventuras, algo que señala el amor que tienen hacia ella.

Alejandra señala que nunca pasa sola, puesto que siempre hay alguien que va donde ella.

Llega la hora del término de clases y el quiosco se repleta, no hay ningún niño que quiera irse sin despedirse de “la tía”. El cariño y el amor que tienen hacia ella es algo se demuestra con cada beso y abrazo que recibe Alejandra. “Recibo dinero a cambio, porque consumen acá, pero recibo algo más valioso que es el cariño y la confianza de ellos”, manifiesta con alegría.

Dice que esto es más que un simple oficio. “Es como ser bombero, no se estudia, se hace gratis y se hace con pasión, y a mí me pasa absolutamente lo mismo”.

    Sebastián Ignacio
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