TODOS JUNTOS, PODEMOS

Por Santiago Formosa

Fuente: Google Maps.

A una cuadra de distancia se ven motos estacionadas en la vereda, en el frente la estatua de Evita y Juan Domingo Perón y las paredes pintadas de celeste oscuro distinguen la puerta de la Uocra. Es una calle desorganizada, con autos en doble fila y un grupo de gente como si estuvieran esperando para entrar a ver un partido de fútbol. Puede que obstaculice el tránsito o la circulación en la vereda, sin embargo, en el sindicato, hay cientos de personas que cooperan para ganarse un mango para llevar a sus casas con el apoyo de su líder, el secretario general, Juan Pablo “Pata” Medina.

Dentro de la agrupación sindical, donde esperan impacientemente las decisiones de los dirigentes, un hombre de apellido Gómez, con barba candado, el pelo atado y su bolso como respaldo, se sienta en un rincón y tiene una presencia casi desapercibida. “El número de colegas creció desde que estoy acá”, dice quien no tiene empleo desde hace cuatro meses. La paciencia no la pierde a pesar de su situación, habla pausado y mira la permanente circulación de gente que concurre en búsqueda de algún beneficio.

José tiene 40 años y vive con su esposa y su hija. Perdió su empleo hace un mes y ahora su único ingreso son las asignaciones estatales. Pasa al menos 3 o 4 horas en el gremio, conoce el funcionamiento interno, nada podría sorprenderlo. “Hay mucho más trabajo si te conocen”, dice mientras charla con sus pares cerca de la oficina central. La asamblea gremial, que se realiza una vez por semana, aún no le da trabajo porque prioriza a los compañeros que llevan más tiempo sin empleo.

Pasan muchas horas juntos esperando alguna información, para matar tanto tiempo libre se comparten mates y torta, charlan y forman rondas para jugar a las cartas. En la esquina, hay un puesto de “chori” que huele igual que a los de la cancha. Lo maneja Maximiliano, tiene 36 años, es alto y corpulento, trabaja todos los días en 44 y 4 y los viernes y sábados participa con su parrilla en los bailes.

Todas las personas afiliadas al sindicato reivindican a su secretario general como su Mesías. El Pata los ayuda económicamente, entrega viandas, forma a sus afiliados con cursos de electricidad y albañilería, y consigue derechos para sus trabajadores que no tienen otras agrupaciones. El amor y orgullo cuando lo mencionan es llamativo, pese a las cantidades de veces que aparece en los medios por enfrentamientos violentos, es un referente desde 1997.

“Ayudamos entre todos al que más lo necesita”, dice Ezequiel de 29 años que con su esposa deben mantener a dos niños. En su mayor período sin trabajo fue de sietes meses, no habría podido superarlo sin la ayuda de sus compañeros. Entre los afiliados distribuyen lo que consiguen para los que más necesidades tienen. “Nuestra unión es indispensable para ir contra los tarifazos y aguantar todos juntos”, concluye.

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