Descubriendo a Indigo (I)

Las calles están frías, muy frías. Nunca un invierno había calado tanto en la piel de Ethan. El aire es refugio del vaho efímero, pero incansable. Camina por aceras húmedas, por el asfalto cadáver.

La rutina es siempre las mismas esquinas, las mismas personas. La gente anda sobre raíles que les llevan y les devuelven al mismo lugar, cada día. Ethan no lo siente así, pero la necesidad impera.

Misma cafetería.

Ethan: Buenos días. ¿Uno como siempre?
Camarero: Doble, manchado y de soja.
E: Muy caliente. Gracias.

Hay una mujer dibujando en una pequeña Moleskine, y dos señores recitando poemas en la otra esquina. En el hilo musical suena Bob Dylan. Mientras Ethan se sienta, el vapor a presión de la cafetera irrumpe en el ambiente. Saca la tablet y la posa sobre la mesa de mármol.

Día 1

¿Quién eres? No consigo desenmascarate. No consigo comprender qué quieres, ni cuando ni por qué. ¿Por qué Indigo? Por qué no Rosa. Porque no eres una rosa que se marchita en el eléctrico Indigo. Tú nombre aborigen es poesía para la semántica. Tú, en realidad, eres la máxima expresión de la lírica. ¿Es éste el paraíso donde poder encontrarte? No creo en Jauja, ni en el Edén, sólo en lo que hay aquí y ahora, y tú no quieres estar aquí ni ahora.

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C: Aquí tienes el cafecito
E: ¿Podrías traerme un terroncito de azúcar más? Gracias.

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Me imagino en el desierto, sin agua, de noche, sin ningún tipo de luz. Cabizbajo, hambriento, sin ganas de dar un paso más. La arena es una sútil metáfora de todas las lágrimas que quisiera derramar, pero estoy deshidratado. Escucho un ruido, a lo lejos, acercarse, y piso una viga de acero escondida. Un tren interminable se cruza ante mí. Está ardiendo. Cada vagón de tren está envuelto en llamas. Vuelve a haber luz en la infinita y apática oscuridad.
El tren se detiene. Sigue ardiendo. Si subo, arderé con él, pero al menos podré abandonar este involuntario destierro. Este dolerse sin dolor. El fuego necesita algo para quemar, para mantenerse en el tiempo e iluminar, y yo necesito algo, o alguien, que me lleve.

Eso eres tú, Indigo.

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