#Experiencias — Degustación Anual Ozono Drinks (Nota I, blancos)

La Degustación Anual de Ozono Drinks se reconfirma como una cita imperdible de un calendario cada vez más dinámico para conocer nuevos vinos y tendencias. De sólo mencionar la presencia activa de enólogos como los hermanos Michelini, Edy Del Popolo, David Bonomi, Sebastián Zuccardi y Pepe Reginato, que viajaron a Buenos Aires para conversar sobre sus obras, no sorprende que el espíritu de la experiencia esté a tono con los vinos que se degustaron: inspirador, energético, descontracturado y vital.

La apuesta esta vez fue arrancar con un amplio pantallazo de vinos blancos y rosados, que los hay y vaya que cada vez más. Primero, con propuestas aún poco conocidas en estas tierras: Rogue Vines, el proyecto que Leo Erazo, enólogo de Altos Las Hormigas, desarrolla en el Valle de Itata, Chile. Zona de colinas, con el océano Pacífico casi en las narices, se trata de una región relegada y con un potencial que muchos le auguran como el Gualtallary del otro lado de la Cordillera. Probamos el Semillón y el Moscatel + Riesling, dos vinos con carácter y todavía por entender. Sobre todo para comparar con los interesantísimos productos que salen desde Mendoza.

Como el caso de la propia Gualtallary, como los Michelini como los principales impulsores. Si el disruptivo JiJiJI tinto (Malbec + Pinot Noir) es el Ying, el Chenin Blanc es el Yang que consiguen Gerardo Michelini y Andrea Muffato para seguir en una línea en la que no hay vuelta atrás. Filoso como una hoja de afeitar, un ataque amable que pide otra copa. Pero a su lado se impone probar los vinos de su hijo Manuel, que provocan sensación: Plop! Tanto el Blanc de Viognier como el Rosado de Cabernet Franc cumplen como vinos bien ácidos, que corren y transmiten presente.

Servidos por su creadora, Agustina de Alba expuso su bien conocido Blanc de Alba, que produce con Juan Pablo Michelini, fermentado y añejado en huevos de hormigón, por supuesto. El blend de Sauvignon Blanc, Riesling y Semillón limpia el paladar y de pronto despliega sus múltiples matices. Y el bonus track era una versión inédita, escrita a mano en la etiqueta: “Sobre lías”. Se trata del remanente que quedaba sin filtrar sobre los pisos de los huevos de hormigón, y sin dudas otra vino, con toques más dulzones.

La experiencia rozó el costado extremo para conocer los Passionate Wines más radicales que produce Matías Michelini: Torrontés Brutal, Verdes Cobardes y Vía Revolucionaria Gewruztraminer. Vinos para sentir reacciones realmente inéditas, que plantan una barrera ante paladares que optan por blancos más convencionales. Sobre todo el Traminer, por su aspecto naranja y turbio, fruto de producirlo incluso con las pieles, es una especie de estrella ninja hacia la garganta, que de repente se desvanece.

En contraste, el delicioso Saltallary (el Sauvignon Blanc que Michelini co-produce con la salteña Tacuil) hasta parece un vino ya digerido por el mercado, aunque se trate también de una propuesta sumamente innovadora. Sensación similar con el @Micheliniwine, un Sauvignon Blnac, Semillón y Torrontés sin paso por madera, que refleja lo más fresco de Gualtallary, para no dejar de tomar.

Como si fuera poca la diversidad, conocimos el Relator Sauvignon Blanc 2016 embotellado esta semana misma semana, el Moscatel Blanco de Cara Sur, el proyecto de Sebastián Zuccardi y Francisco Bugallo en el Valle de Calingasta, San Juan, y un final a toda orquesta con el Volare de Flor, de Edy del Popolo y David Bonomi. Se trata de una botellita misteriosa, del tamaño de un aceite de oliva, con un contenido inolvidable. El vino está hecho bajo un velo de levaduras de flor, un proceso similar a la del vino amarillo de la región del Jura de Francia. El resultado es un vino muy complejo, con notas de manzana y frutos secos como almendras saladas, que aparecen sólo minutos después. Un perfecto preludio para los beneméritos Per Sé, reyes de los tintos que comentaremos en el próximo artículo.