#Tendencias — Blancos 2.0

En alguna época líderes del consumo en nuestro país, los vinos blancos ya recuperan el terreno relegado ante el auge de los tintos y de su majestad, el Malbec. Las cepas más tradicionales como Torrontés, Sauvignon Blanc y Chardonnay encabezan una avanzada que en la tropa trae blends de excepción, apuestas radicales y clásico que cobran cada vez más valor.

Ricardo Santos Semillón y Lagarde Reserva Semillón.

Si la cuestión es la comparación con el tinto, empecemos con un coloso blanco que le hace frente sin hesitar: el Semillón. Con esa consistencia y aspecto que recuerda tanto a la miel, se trata de una variedad que divide aguas, y defendida a capa y espada por bodegas con varias cosechas en sus espaldas, como Lagarde y Ricardo Santos. La reciente incursión de un enólogo de la nueva ola, como Matías Riccitelli, seguramente le dará el empuje para subir de nivel de consumo.

Vía Revolucionaria Gewürztraminer y Rutini Gewürztraminer.

Siguiendo en la línea clásica, el turno de la uva de pronunciación imposible: Gewürztraminer. De orígenes que cruzan Alemania, Italia y Francia, es una variedad difícil de cultivar, pero generosa en aromas y colores cuando halla su punto justo. El “traminer” se diseminó por zonas puntuales de Europa del Este y encontró interesantes puntos de maduración en Nueva Zelanda y las alturas del Golán. En nuestro país, uno de los pioneros fue Rutini, y desde 1996 el enólogo Mariano Di Paola elabora esa gema de botella triangular inolvidable. La opción disruptiva llega con Matías Michelini, que la eligió como uno de sus vinos naranjos con piel, también difícil de olvidar. En la misma línea filosa, su hermano Gerardo le dio nueva cara a otra opción clásica como el Chenin, en su Ji Ji Ji blanco.

Amalaya Blanco y Ji Ji Ji Chenin Blanc

El juego está abierto también para los Riesling (no se puede dejar pasar el bivarietal con Torrontés de Amalaya), Viognier y Pinot Gris, pero focalicémonos en una tendencia bien actual: los white blends. Elaborados primero como varietales, recién al momento de madurar se hacen los cortes. No existe una receta única, se realizan por degustación seleccionando las mejores partidas, con el objetivo puesto en la armonía: dulzor, acidez, cuerpo… Nada nuevo, en realidad, pero con resultados cada vez más sorprendentes.

Pala Corazón Blanco y Mosquita Muerta Blend de Blancas.

El Mosquita Muerta Blend de Blancas replica el modelo innovador que tanto ruido hizo en los tintos. En este caso apuesta a un corte de Chardonnay (Gualtallary y Los Arboles), Viognier (Ugarteche), Moscatel de Alejandría (3 de mayo) y Sauvignon Blanc (El Manzano). Su enólogo Lucas Niven redobla su propia búsqueda de máxima frescura en su proyecto personal, Pala Corazón. Allí descolla con Sauvignon Blanc, Semillón y Muscadelle seleccionados en Los Arboles, Valle de Uco, un esbozo del futuro.

Como la riqueza está en los contrastes, otra de las joyas de este año es el Blanchard & Lurton Grand Vin 2014, uno de los pocos que se presenta en caja de madera, al igual que los White Stones y White Bones Chardonnay, del Adrianna Vineyard de Catena Zapata. La maravilla con inconfundibles ínfulas francesas conjuga una mayor proporción de Tocai (60%), a los que suma Viognier, Pinot Gris y Chardonnay. Se trata de un serio candidato a cruzar épocas y seguir añada tras añada.

Tendrá un (amigable) competidor de fuste en el Susana Balbo Signature White Blend, que empareja al Semillón con Sauvignon Blanc fermentados en huevos de cemento, y Torrontés fermentado en barricas nuevas. Resultó imposible obviar este lanzamiento en las ferias de vino durante el año, y lo mejor es que las próximas cosechas prometen evolución y evolución.

Para cerrar, una verdadera rareza, en el buen sentido: el Vicentín Blanc de Malbec. El primero en su especie en la Argentina, se proyecta como tal desde su plantación en viñedo. Son uvas de excepción de La Consulta y Vistaflores, que se vinifican como blancas, de ahí que técnicamente sea casi un rosado… pero no lo es. De ese híbrido se produce un elixir que recuerda rápidamente a la canela. El verdadero desafío es no volverlo a tomar.