BIG BROTHER. George Orwel 1984 

El fin de la privacidad y la sociedad orwelliana

George Orwell ya lo sabía en 1949 cuando escribió “1984"


Diversas filtraciones revelaron que empleados de los servicios de inteligencia de Estados Unidos buscaban posibles amenazas terroristas a través del registro de llamadas telefónicas y filtración del tráfico de datos de Internet. Escándalo, alarma social y la edición centenaria de la novela de Orwell aumentó sus ventas en un 7000% en Amazon.

El popular libro relata un Estado que controla a los ciudadanos y suprime sus derechos. La omnipresente vigilancia del Gran Hermano que todo lo ve. Una novela que está catalogada como una obra de ciencia ficción, ahora perfectamente se podría colocar en las estanterías de historia, pues hechos contados están pasando aquí y ahora.

El espionaje masivo ya es una realidad

La privacidad es, al menos sobre papel, un derecho fundamental. Digamos que solamente puede vulnerarse cuando un juez lo solicita para destapar delitos. Pero el papel, al parecer es papel mojado, los gobiernos quieren tener un control total sobre lo que hacemos, lo que decimos, lo que pensamos e incluso lo que compramos o leemos.

La publicación de la vida privada en las redes sociales supone una mayor exposición al control gubernamental.

La información es poder y los Estados pretenden mantener ese poder almacenando cantidades ingentes de datos, incluyendo información de la vida privada de personas corrientes. Dicha información y de forma encubierta puede ser usada de forma autoritaria para el control social.

El desarrollo tecnológico, el uso masivo de Internet y la popularización de las redes sociales lo han hecho posible. Publicar fotos en Facebook de la última barbacoa con los amigos o nuestras vacaciones, actualizar el estado con nuestra ubicación geográfica, expresar nuestros gustos, nuestro estado sentimental o datos de contacto son cosas que habitualmente hacemos en nuestras cuentas. Por supuesto sin pensar que pueden ser usadas por terceros para tenernos bajo control.

Todo tiene un precio

Tras destaparse el caso de espionaje, desde Washington no se tardó en emitir un comunicado oficial diciendo que si se violaba la privacidad de sus ciudadanos era para garantizar su seguridad, algo por lo que nadie debería molestarse, sino que todo lo contrario. El mensaje fue claro: si quieren seguridad frente al terrorismo, la pornografía infantil o las violaciones del copyright hay un precio que se debe de pagar: una pérdida de privacidad, y por lo tanto, una pérdida también de libertad.

Encuestas publicadas cifran en 36 el porcentaje de ciudadanos estadounidenses que no le importa que el Estado lea sus correos electrónicos o escuche sus conversaciones telefónicas si es para fines de seguridad nacional. Quizás en Europa no se opine lo mismo, pues dar carta blanca para el espionaje con la cantidad de corrupción que asola al viejo continente es algo que realmente da mucho miedo.

La edad de la privacidad ha terminado

Esas mismas palabras pronunció Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, hace poco más de tres años cuando estaba siendo duramente criticado por las políticas de privacidad de su red social. No le faltaba razón. Cuando un ciudadano anónimo publica relatos, pensamientos e imágenes suyas en la red se convierte automáticamente en un personaje público y su privacidad pasa a ser simbólicamente eliminada.

Tras los atentados de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, la seguridad se convirtió en elemento prioritario, en una obsesión. Con avanzada tecnología se empezó espiando a sospechosos terroristas pero se acabó recopilando de forma secreta datos sobre la Unión Europea y sus estrategias comerciales, altos cargos políticos, multinacionales, y al final todo aquel que envía un correo electrónico, haga una videoconferencia o realice una simple búsqueda por Internet, es una potencial victima de que su intimidad sea violada.

La posesión de información supone poder y posibilidad de control.

Estos sistemas de vigilancia, los mismos que debían haber sido capaces de evitar, o al menos alertar, de atentados como los más recientes en Boston, resulta que a la práctica no funcionan y, en cambio, son utilizados de forma perversa para para otros fines que no tienen nada que ver con la seguridad.

En definitiva, la privacidad ya no existe o si todavía queda algo en algún país remoto, se ha vuelto un bien escaso con peligro de extinción.

Cuando estés haciendo algo por Internet deberías comportarte como si lo estuvieras haciendo en público porque, de hecho, publicar o simplemente navegar por la red es como pasearse desnudo por la calle. Cualquiera puede verte y hacer lo que quiera contigo.

La sociedad orwelliana

Existen muchos paralelismos con entre la sociedad actual y la sociedad orwelliana descrita en el libro “1984". El primero es que el mantenimiento del poder requiere grandes dosis de esfuerzo por parte de la casta dirigente, la cual busca a toda costa la perpetuidad de su régimen. La segunda similitud es que los individuos pasan a formar parte de la propiedad del Estado, quien recorta sus libertades de pensamiento y expresión con el fin de conservar un poder estatal y unitario. Y el tercero, es que la privacidad no existe, es decir, todo lo que sucede en un ámbito personal es de interés del Estado.

Esa es la tendencia de la sociedad en la que vivimos y es muy triste tener que llegar a este punto casi de desesperación permanente. Se supone que los mismos gobiernos que dicen ser democráticos, representan al pueblo y defienden nuestros derechos fundamentales, son los que traicionan nuestras libertades obteniendo datos personales y violando sin ningún pudor la privacidad de miles de personas.

Si el mundo se va a convertir en una cárcel de alta seguridad donde vamos a tener que vivir de forma asfixiante, quizás haya que replantearse muchas cosas. Seguro que hay otros caminos…


De no ser por la filtración del programa PRISM que protagonizó Edward Snowden, hoy seguiríamos viviendo inconscientes de que el Gran Hermano norteamericano nos vigila constantemente a su plena voluntad con la ayuda de empresas tecnológicas como Microsoft, Google, Apple y Facebook , entre algunas otras.
Sí, George Orwell era un visionario.

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