¡Levántate y anda!

¡Levántate y anda!

Hay veces que la vida nos depara encuentros realmente trascendentales para nuestro futuro. En ocasiones se trata de una persona especial, otras puede ser un acontecimiento, o incluso una simple cita leída del modo más desinteresado. En definitiva, algo que puede encender esa chispa que tanto necesitamos para activarnos de una vez por todas y marcar un punto de inflexión.

En mi caso se trató de un poema.

De esto hace ya unos años, pero ayer me encontré de nuevo con esos versos y de pronto volví a experimentar un torrente de sensaciones que, si bien nunca he olvidado, la perezosa comodidad y la distancia en el tiempo habían hecho que las hubiera arrinconado en cierto lugar de mi memoria.

Y como tras todo este tiempo el balance de la travesía ha sido positivo y mi estado desde entonces es el del agradecimiento, me he visto impulsado a escribir estas líneas. Y también, por qué no decirlo, para que cierta persona las lea y sepa que siempre hay que intentar levantarse.

El pasado

Hace un tiempo me encontraba en una época… digamos no muy buena, donde mi ánimo se encontraba bajo mínimos y las expectativas para los próximos meses se presentaban bastante descorazonadoras. No tenía ganas de nada, y una permanente desazón se había instalado en mi cabeza y parecía no tener planeado abandonarme en una larga temporada.

Todo lo luchado hasta entonces parecía no haber servido para nada. Era como si, de un tiempo a aquella parte, las que habían sido decisiones tomadas con una mezcla de alegría, esperanza y determinación, se hubiesen tornado en grandes errores.

Aunque siempre he intentado (y procuro seguir intentándolo) mostrarme optimista de cara al presente y a lo que ha de venir, reconozco que en aquella ocasión la situación me superó. Me sentía abatido, triste y, lo que es peor, fracasado.

Y entonces me topé con Talita Kum.

El Poema

Talita Kum
Ahora. Levántate.
No te dejes morir 
en muertes cotidianas
que acallan el verso
que secan el alma
y frenan el paso
hasta dejarte inerte.
No mueras en vida,
sepultado por nostalgias,
rendido antes de tiempo,
consumido por dentro.
No permitas que te envenene
el odio, ni dejes 
que la amargura –¿o es miedo a vivir?–
haga de tu corazón una losa.
Levántate.
Sostenido por la memoria 
de buenos amigos y buenos momentos,
confiado en un hoy grávido de oportunidades.
Movido por la esperanza en lo que ha de llegar.
Levántate, agradecido por tanto…
Ama, 
descubre los milagros ocultos,
cree.
Y pelea, si hace falta,
la batalla nuestra de cada día.
que eso es ser humano.
Levántate.
Ahora.
— José María Rodríguez Olaizola

Y tenía razón, no podía rendirme.

Siempre hay que seguir luchando, tanto si las cosas se presentan mal como si se ponen de cara. Que como bien dice el poema, eso es ser humano, porque la batalla es diaria, y si bajamos la guardia estamos perdidos.

Yo lo hice. Me levanté y comencé a afrontar cuanto me vino a partir de entonces con serenidad y con el mayor discernimiento posible, sabiendo que no estaba solo y que no me dejarían caer.

Y así fue.

Aunque pueda parecer exagerado, a partir de aquel poema mi vida comenzó a cambiar. Los que me conocen, ya saben cuáles fueron las cosas maravillosas que comenzaron a ocurrirme y cómo todo empezó a mejorar, lentamente, poco a poco, paso a paso.

El agradecimiento

Desde entonces leo, escucho y veo a Rodríguez Olaizola todo lo que puedo. Incluso tuve la oportunidad de conocerlo en persona en una de sus charlas.

He encontrado en él una voz calmada y serena, con una visión del mundo y de la vida esperanzadora, que siempre te arranca un motivo más para seguir adelante y no desfallecer, pero teniendo siempre muy claro que nuestro juego está marcado por límites:

Y para colmo, hace poco nos ha regalado uno de los libros más maravillosos que he leído: El corazón del árbol solitario, una historia real de compromiso, de superación, de heroicidad cotidiana pero, sobre todo, de amor.

Portada de El corazón del árbol solitario

Os invito a todos a leer este libro y, si podéis, a comprarlo y regalarlo siempre que os surja la posibilidad, ya que todos los beneficios de su venta y derechos de autor van destinados íntegramente a la causa de la que se habla en él — que no os la voy a contar. Tenéis que leerlo.


Coda final

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.
— Bertolt Brecht
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