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SERGIO BRICEÑO GONZÁLEZ
LOS ESTABLOS DE AUGÍAS
Sí, yo también estoy muy molesto. Estoy enojado. Me siento encanijado y a punto de romper ventanas y vasos. Es una sensación de frustración y cólera, de impotencia ante lo que está ocurriendo en Colima. Al igual que usted, veo cómo los índices de inseguridad se incrementan, o los impuestos se destinan al pago de los intereses de la deuda, sin abono casi a capital, una deuda monumental contraida en el anterior sexenio.
Me siento contrariado, furibundo, porque no se camina, se tiene la percepción de que estamos estancados, y que a los criminales no les importa si viene el Ejército o la Marina, ellos siguen ejecutando, siguen envenenando a las juventudes, sin que haya nada ni nadie que pueda frenar esta espiral oscura, como quedó confirmado con la ola de asesinatos el primer día en que pisaron tierras colimenses las fuerzas federales.
Sí, me siento contrariado, a disgusto, rabioso porque al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, Colima le importa un comino y prefiere tomarse autorretratos con adolescentes en Pachuca, decidido según él a alcanzar la candidatura de su partido, el PRI, a la Presidencia de la República, olvidándose de sus obligaciones o dejándolas para otro día y queriendo que todos pasemos por alto los jugosos negocios que hizo con Peña Nieto cuando ambos eran gobernadores, sobre todo negocios en Ciudad Sahagún, casos de corrupción, pues, que fácilmente pueden agregarse a la megadeuda que dejó en Pemex el hoy cuestionado Emilio Lozoya, quien no ha dicho, leyó usted bien: no ha dicho en qué se gastó los 700 mil millones de pesos que pidió prestados siendo director de la paraestatal. Y como lo decía ayer en la mañana en el programa de Leonardo Curzio el punzante Ricardo Raphael: “¿Alguien puede gastarse 700 mil millones de pesos y no decir en qué?, ¿es eso posible?”
Sí, estoy malhumorado, hecho una furia, irritado como usted porque parece que Ignacio Peralta Sánchez, gobernador de Colima, está teniendo que hacer uno de los trabajos más arduos de entre los que hizo Hércules: limpiar los establos de Augías, que estaban tan, pero tan sucios, que se vio en la necesidad de desviar un río para poderlos lavar. Aquí, solo en la ciudad de Colima tenemos diez ríos, alguno de ellos deberá servir para quitar las costras, los deshechos, la catalina y la hez que dejaron los anteriores dos gobernadores y que en vez de irse deslavando parece que se incrusta cada vez más en todas las áreas de la administración estatal, incluso en la Secretaría de Cultura, donde vuelven a aparecer viejas prácticas que se creían superadas, en el área de publicaciones. ¿Desde cuándo la Secretaría de Cultura carece de una Dirección de Literatura? La respuesta es: desde que el diseñador Víctor Uribe se encarga de publicar o no publicar obras de autores locales o foráneos. Así de simple. Él juzga lo que se debe o no mandar a la imprenta. ¡Y nadie hace nada!
Sí, estoy indignado, turbado, cabreado, porque en la capital el alcalde pone a barrer y chaponear a los pocos elementos policiacos que tiene, y porque en lugar de arreglar el centro histórico, se dedica a joderlo más, trayendo grupos artísticos, permitiendo la colocación de puestos callejeros, y en fin convirtiendo al corazón de la capital en un muladar durante los días de actividad del festival del Volcán. Y retobo porque yo vivo en el primer cuadro, porque mi familia es del primer cuadro, porque sé de la importancia de mantener limpio el primer cuadro.
Estoy sulfurado, mosqueado, ceñudo, trompudo, porque ninguno de sus secretarios le ayuda a Nacho Peralta a sacar adelante a Colima. Plácidamente estiran la mano para cobrar su quincena, y a la hora de los guamazos esconden la cara, se ponen a silbar, miran hacia otro lado. ¿De qué sirven entonces, si no se sienten parte del equipo? ¿O mejor dicho, para qué les pagan?, ¿para irse a pavonear a otros lados como “señores secretarios” de tal o cual ramo? ¿De qué les sirven, pregunto, los doctorados, si ya se confirmó con Óscar Hernández Rosas, el titular de Educación que eso no es garantía de honestidad?
Nacho: es hora de que des un manotazo en la mesa.
REDONDILLA
Se financian las campañas
cada vez con más dinero,
mas no avanza ni el bolero.
Y hoy parados de pestañas
los “mexicanos primero”
se enteran de enero a enero
que los partidos, las mañas,
tienen ya roqueseñal.
¿Podremos estar más mal?
- (Sergio Briceño)
