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¡Dejad de crear símbolos que no existen pardiez!
Los símbolos, entendiendo por símbolo el objeto o acción que contiene al mismo, no tienen un significado intrínseco. Somos nosotros, con nuestra interpretación del mundo, quienes adherimos ese significado inexistente en un principio, al elemento en cuestión. Una vez que ese significado es comúnmente aceptado, el objeto y el símbolo quedan indefectiblente unidos (como ocurre con una esvástica, una cruz o un traje)
La corrección política hace referencia al cuidado que debemos tener en nuestro lenguaje y acciones para que éstas no se conviertan en símbolos de valores que la sociedad considera inaceptables.
Estoy harto de la corrección política. De los discursos prefabricados, las reglas sociales que te indican la vestimenta “adecuada” -ya no vale sólo con no ir desnudo, sino que hay que hacerlo con “estilo”-, la coacción de la sociedad a la libertad del ser humano para hacer lo que desee -siempre y cuando no haga daño a nadie-.
Y Matt Taylor no ha hecho daño a nadie. La camiseta es un símbolo en tanto en cuanto se le de ese significado. Matt no se levantó un día y dijo:
-Me voy a poner una camiseta de chicas sexys para demostrar la prevalencia del hombre sobre la mujer en la ciencia.
La camiseta se la regaló una amiga, la cual, siguiendo esta lógica, debe ser una machista recalcitrante ¿no? Esto es absurdo. La camisa no significa nada, salvo que es un hombre al que le gustan las mujeres. La simbología creada alrededor de ella es una entelequia ultrafeminista sin base alguna, salvo la de adaptar lo que ven -heteropatriarcado everywhere- a su concepción del mundo.
Me gustaría vivir en un mundo en el que a la gente se la valorara por sus acciones, no por su vestimenta, poder económico o cultura. Un mundo en el que fuéramos más transparentes y no nos sintiéramos cohibidos por la sociedad en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. En el que el valor predominante fuera el quid pro quo, la empatía y la solidaridad.
Pero vamos, soy consciente de que ésto también es una entelequia de mi propia cosecha.