5 virtudes de “La pipa de la Paz”: 20 años después
Veintiún años han pasado desde que Aterciopelados lanzó su tercer disco de estudio, La pipa de la Paz (1996). Aunque su antecesor, El Dorado (1995), es sin duda uno de los discos más importantes de la música colombiana, hay muchas razones para creer que “la pipa” no tiene méritos menores, y es un disco que debería ser visitado muchas veces, con el ánimo de encontrar en él nuevos matices, ideas y recontextualizaciones. He escogido cinco razones por las que creo que este disco no solo es un clásico del rock latinoamericano, sino además un artefacto de suma importancia para Colombia y en general para toda la juventud del continente.

1. Feminismo rolo
Seguramente para 1996 Andrea Echeverri ya había leído a Simone de Beauvoir. Lo cierto es que supo emulsionar en el disco una defensa de género extraordinaria: la mayor parte del álbum tiene verdaderos himnos feministas y progresistas como La culpable, No necesito, Nada que ver y Cosita seria. En ocasiones la crítica es frontal y dura contra los dramas y las mujeres de un mundo grotesco y materialista, como en Miss Panela por ejemplo, y otras veces se recurre a herramientas en clave de comedia, como en Chica difícil.
El mensaje es unívoco y Aterciopelados quiere repensar a la mujer latina. Esa misma mujer que en sociedades como las nuestras sigue siendo violentada de maneras incluso imperceptibles. Así que en tiempos donde se celebra y se legitima la cosificación de las mujeres, es bueno contar con refugios noventeros de rebelión y emancipación.
2. Una voz para el ambientalismo
Aterciopelados, y en especial el trabajo en solitario de Héctor Buitrago, se ha caracterizado por una inquietada reflexión sobre temas medioambientales. Pues ese credo ecologista empieza aquí, en La pipa de la Paz, en canciones como Expreso Amazonia — quizá mi corte favorito del disco — que, aunque con un tinte de turismo exótico, nos invita a pensar en la biodiversidad de nuestro territorio y en el misterio del “poder selvático, telequinético y tropicálico”.
3. Salvaguardar lo popular
Pero no solo el disco se propone tomar una posición de crítica social desde sus temáticas macro, sino que lo hace además desde sus ritmos. En este disco se sueltan los acordes del punk para abrazar ritmos-raíz de la región, en una propuesta sónica que, aunque sigue bebiendo de la fuente del rock, incorpora acentos de acordeón vallenato, percusión latina e influencia andina y llanera. En La culpable, una ráfaga de arpas acompañan la potente voz de Andrea en un joropo antipatriarca. En Baracunátana, el sonido se define más claramente por el rock, pero la canción, que es una reinterpretación de la composición del maestro Leonidas Plaza, es un tributo a la inventiva popular del caribe colombiano (y en esta corta crónica se explica su génesis).
Actualmente, para nuestro sosiego, el boom musical latinoamericano reclama un lugar en la industria y retoma la pregunta de la identidad del continente. Artistas de México, Colombia y Chile vuelven a sonidos autóctonos y a orígenes y legados musicales andinos, indígenas y africanos. Dos décadas atras Aterciopelados ya salvaguardaba ese patrimonio inmaterial que es la música popular latina.
4. El humo sagrado de la paz
El título del disco, que hace referencia a la cultura precolombina, nos revela otra de las preguntas madre de Aterciopelados: la búsqueda por la Paz. Esa Paz que en países como Colombia se escribe con mayúscula. En la canción La pipa de la Paz, la banda canta la añoranza de una paz espiritual ancestral que solo podríamos entender de (re)conocer nuestro pasado indígena. Y versada sobre cuestiones de nuestro tiempo, la banda denuncia en temas como Quemarropa, las marcas incomprensibles y absurdas de la guerra, el narcotráfico, el conflicto armado y la violencia.
Para esa generación que creció en los noventas, este tipo de discos se convierten en anclas simbólicas que nos ayudan a recordar a la vez que a soñar la patria. Veinte años después las siguientes palabras resuenan un poco lejanas a la vez que no, cuentan una historia pasada a la vez que presente:
Balas rezadas, fierro, veneno
Muertos de causa no natural
Cuentos de horror
Yo los condeno
Así ni modo el nobel de paz
5. Musica meta
Por último, la pipa, que es un disco mucho más cuidado en términos de calidad, fue el disco que internacionalizó a la banda de rock (y al rock colombiano, por ahí derecho). Vestigios de ello se pueden encontrar en las colaboraciones con Enrique Bunbury (Quemarropa, Te juro que no) o Gustavo Cerati (La ciudad de la furia de Soda Stereo). Pero más allá de haber logrado un nivel de calidad musical superior, una de las virtudes más bonitas de La pipa de la Paz es que es un disco que piensa la música y nos recuerda que: “La música nos salva. La música nos lava el alma”. En La voz de la patria, Andrea profetiza que el “tercer mundo va pa’ lante” y describe la música de la patria (y por qué no, del continente) como la voz de la fuerza popular, la voz que nos va a deleitar, que nunca va a callar, que pone los pies a bailar. Y nos hace una petición, que yo me atrevo a hacerles también a ustedes: “Siganla oyendo. No se despeguen. No se despeguen. No se despeguen”.
¿Qué otras virtudes tiene el disco y yo dejé de lado? ¿Para ustedes que significa La pipa de la Paz? Déjenme sus comentarios.