Wikimanía: la reunión offline de la mejor red social

Un fin de semana para recordar cuál debe ser la misión y el verdadero espíritu de internet.


Conocí internet en 1998 y fue fascinante descubrir una biblioteca de dimensiones ilimitadas en la cual era posible explorar y compartir ideas y conocimientos sobre cualquier tema.

Ahora, a veces creo que esa idea se viene abajo ante la masificación social de los últimos años, en la cual pareciera que lo más importante es causar gracia con memes, GIFs y cualquier contenido que, más que aportar algo significativo, contribuya a saciar nuestra, cada vez más alta, cuota de morbo.

Pero hay un sitio que mantiene, y de una forma asombrosa, ese espíritu original. Su nombre es Wikipedia, y la razón más importante por la cual es tan maravilloso son sus miles de editores y las convicciones que los acompañan.

Gracias a mi trabajo dentro del sector informativo de la tecnología, tuve la gran fortuna de asistir a Wikimanía, la reunión anual de editores y entusiastas de Wikipedia y otros proyectos hermanados por la idea de compartir y hacer de la información un bien de acceso libre y universal. Sí, tenía idea de cómo funcionaba el trabajo alrededor de esta gran enciclopedia virtual, pero a veces uno no se da cuenta de la magnitud de semejante esfuerzo hasta que lo experimenta fuera de la pantalla.

Después de un fin de semana entero que me dejó motivado e inspirado de vuelta con el espíritu de lo que para mí debe ser el foco central de internet, la conclusión que me llevo de Wikimanía es que se trata de la respuesta offline al escepticismo de quienes desconfían de Wikipedia porque creen que algo tan abierto y accesible, donde todos pueden editar y crear, se puede salir de control y dejar de ser una referencia seria.

Creo que ese escenario es imposible. Wikipedia, y sus proyectos hermanos cobijados por la Fundación Wikimedia, no tienen otro interés más que reunir conocimiento y compartirlo. Todos los editores están en ese canal y es tal su fuerza y su convicción que cualquier sabotaje sería indudablemente nulificado.

Wikimanía no fue sobre quién era más popular o divertido; nadie trató de vender nada; no se habló de likes, retuits, monetizaciones ni demás conceptos atendidos por el marketing digital. Nada de eso es malo, pues es parte de nuestra dinámica de consumo actual, pero Wikimanía significó algo más grande: compartir cómo cada quien, desde su trinchera, busca contribuir a mejorar el mundo a través del acceso a la información y la cultura libre. Todo con humildad, sin alardes, entendiendo que en las causas más grandes necesitamos despojarnos del incómodo, y a veces traicionero, ego.

Cualquiera que haya asistido a Wikimanía sin ser parte activa del movimiento habrá entendido que Wikipedia es una red social, la más organizada y en la cual existe la mayor lealtad, una que Facebook no podría tener jamás, ni con sus miles de millones de dólares.

Entonces, a los escépticos hay que decirles que confíen en Wikipedia y en el espíritu de su comunidad; que se sirvan de ella, que la compartan y que, mejor aún, se unan.

Internet seguirá transformándose, otras redes sociales desaparecerán o mutarán según convenga a los intereses de sus dueños. Tal vez algún día hablaremos de un tiempo donde existía algo llamado Facebook. Ahí seguirá Wikipedia, pues su misión y trascendencia son inherentes a nuestro progreso social, y eso va más allá de cualquier tendencia de entretenimiento.

Gracias Wikimanía, por recordar y mantener viva la esencia de internet.