Unos vans

¡He perdido mis tenis!

I.

¡Puta madre! Las diez en punto. Pinche reloj biológico de mierda, la bebida lo ha jodido por completo.

Empiezo a sudar. No creo que sea la cruda. Eso sucede cerca de las cinco de la tarde. Son los pinches tenis. Eso es. Ese es el motivo.

Me recuesto en la banca. El puto sol me envuelve, me aprieta, me quema.

Sed. Tengo mucha sed. Y si no encuentro esos pinches tenis, seguro no podré calmarla.

Mi boca está seca: maldita resaca, llega muy temprano.

Sudo. Sudo mucho. Mi ropa, mis cabellos y mis manos apestando a cigarro y alcohol barato.

Pinche fiesta madreada. Cooperación: ciento cincuenta pesos. Tenía que asistir a fuerzas. Bussines de los que no puedes rechazar.

A.

La casa del Rola. De las del infonavit. Toda amarilla. Adentro, algunas viejas de la escuela y los mismos pendejos de siempre.

La bebida: una olla grande de tropicana y algunos litros de tonallan. Dizque para empedar a las viejas. Al final todos se ponen estúpidos. Se quedan siempre dormidos.

II.

«¡Los tenis! ¡Los tenis!» Me grita mi sentido común. No lo escucho, o trato de no hacerlo. Me duele la pinche cabeza. ¿Qué más hice? Amnesia de no te hagas pendejo.

B.

El Rola: buen tipo, buena ropa, pelo grasiento. Escucha reggaetón. Música madreada. Se ha jalado tres rayas desde mi llegada. Yo rechazo la invitación, me gusta estar despabilado cuando hago negocios.

Con esto sobreviviré unas semanas. Le compraré un celular a Paloma. Siempre que le hablo a media noche no contesta. El timbre suena; pero ella dice que nunca lo escucha, que está muy lejos. Ahora no tendrá excusas.

Nos interrumpe Tailandia. The little easy. Coeficiente intelectual dudoso. Buen trasero. Se siente aburrida. También odia el reggaetón y pone algo de Soda Stereo. Baila por todos lados. Se detiene y saca un cigarro de salva, como dice el Rola.

III.

La gente me mira al pasar. «Pinche mariguano» murmuran. También he perdido los cigarros. Tiro el encendedor al pasto. Me seco el sudor con la camisa. Tai me ha vomitado. Se metió tanta madre y bailo tanto, que ese fue el resultado.

C.

Tailandia está tirada en el piso. Trato de ayudarla. Me ha manchado toda la ropa. «Una sobredosis» pienso.

El Rola se caga de la risa.

— Siempre pasa lo mismo.

El Pinzas se asoma: cara de urraca, pelos parados. Todo un pinche oportunista.

— Se acabó el pisto. Una coperacha, ¿No? — balbucea.

El Rola hace una seña para que se retire. El Pinzas no deja de mirar la mesa. Su rostro se ilumina. El Rola lo ahuyenta. El Pinzas cierra la puerta.

— Pinches adictos — murmura el Rola.

— Pinches adictos — repito.

Se hizo el negocio. Cinco mil varos. Poca lana para lo que le voy a sacar. Luego se los devuelvo a la jefa con intereses. El negocio de mi vida. Me siento grande. Tipo el Padrino: «voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar» recito con acento italiano. El pendejo no entiende, no le gusta el cine. Puras películas de Mario Almada en Televisión de paga. Salgo del cuartucho. Lavo el vómito en el baño. No se quita esta madre; pero al menos no huele tan feo.

La fiesta continúa. Llegan con más alcohol. ¡Hay que celebrar! Doce cubas y cuarenta y dos cigarros. Me siento feliz. Una vieja rolita de The Cure hace que me prenda más. Quiero “motita”, como en la secu. Pictures of you, ¿hace cuánto de eso? Neta, me estimula.

Negocios en el baño. Solo quería un gallito. El Pinzas me ofrece quince mil bolas. Puros billetes de a mil, nuevecitos, parecidos a los de veinte. No me puedo negar. Quizás le compre un i-phone a paloma. ¡Trato hecho! Recibo la lana más un disco pirata de Los invasores de Nuevo León. ¡Toda una ganga!

IV.

¡Puta! ¿Dónde los dejé? ¿Dónde los dejé? ¡Un puto cigarro! ¡Un puto cigarro!

D.

Bailo, danzo y zapateo. Tailandia ya se ha recuperado. Se besa con el Pinzas. ¿Que no era la vieja del Rola? Me vale Wilson. Se ha acabado el pisto de nuevo. Yo tomo de los sobrantes !Que no se desperdicie nada! El Disc Jokey se ha quedado dormido. Chente le grita desde las bocinas.

Me meto al baño. Azulejos blancos con pinceladas de moho. Me echo agua en la cara. Una pareja me escolta. Otro churro más «clávate en la textura». Todo lo que sigue está borroso. Susurros estallan en mi cerebro.

— Es mucha lana, guárdatela en el tenis, es más seguro — sugiere el Pinzas.

Agradezco el gesto. Tailandia ríe de forma estúpida. Meto la lana en mi tenis. Unos Vans cafe, talla once americano, manchados de vómito. Continúa la fiesta…

V.

…Y es todo lo que recuerdo, junto con una vieja rola de los Smiths. Me tiro hacia atrás en la banca, pongo las manos en mi frente. Empiezo a pensar en otro bussine.

Seth Alvarez