El Nevada.

Ayer estuve en el Nevada. Lo único que me interesaba realmente, se lo han dejado en Sevilla: no hay estante de vinilos de clásica. Para todo lo demás ya tengo a Pepe Marcapasos.

No había atasco para llegar, cierto que eran más de las ocho y media y no hacía buena tarde pero no había atasco. Lo que vi, que no lo vi entero, es enorme. Como si pusiéramos todas las tiendas del centro de Granada pero más grandes en un mismo sitio, unas junto a otras. Es decir, se ha duplicado la oferta comercial de una de las provincias con más paro de España. La pregunta es obvia: ¿si apenas hay clientes para que las tiendas del centro puedan sobrevivir habrá, de repente, clientes para que sobrevivan el doble de tiendas? No, no los hay. No me vengan con milongas de puestos de empleo creados, en las grandes superficies no se crean puestos de trabajo puesto que el mercado es el mismo y las grandes superficies suelen ser más “eficientes”: venden lo mismo con menos trabajadores.

Supongo que los alquileres en el Nevada son igual o más caros que en el centro. El transporte público es igual de desastroso que para ir al centro pero está más lejos y hasta que no haya tranvía, es homérico sólo intentarlo. La A44 tiene una curiosa querencia a ponerse imposible. Hay restaurantes y bares, como en el centro y como en el Serrallo. ¿Hacen falta todos esos restaurantes y todos esos bares? No. ¿Hay gente para esos y los del Serrallo y los del centro? Ni de coña. Supongo que algún centro comercial tendrá mejor vida que Neptuno o el de la Zubia (con cada vez menos tiendas) o Kinépolis pero está claro que no todos caben en Granada. Al final la pregunta básica es ¿quién gana dinero con todo esto que parece tan complicado que salga bien?

La foto es del Arzobispo inaugurando el Centro Comercial que supongo que será de buenos católicos comprar y comer en franquicias.

La Junta lo autorizó, supongo. Los sucesivos alcaldes de PP y PSOE de Armilla lo alentaron. La Iglesia lo inaugura. Todo bien. El mejor de los mundos posibles.