Nada podremos ofrecer que no tengamos en casa.
Podemos nace de un acuerdo de mínimos entre gran parte de la ciudadanía. Un acuerdo, por cierto, conservador: queríamos mantener el estado de derecho, la soberanía — la capacidad de decisión sobre nuestras vidas y haciendas — frente a los poderosos, la democracia que nos habían secuestrado y la defensa de lo público: sanidad y educación sobre todo. Transformar ese acuerdo de mínimos en un programa de máximos que incluya revoluciones y banderas simplemente nos dejará a muchos fuera del partido. En el acuerdo de mínimos, que en sí es una reforma a la totalidad neoliberal, cabemos todos; en el programa de máximos caben pocos, como ha dejado bien claro la gente en todas las elecciones desde el 77.
Pedíamos democracia, defender la democracia. En este momento creo que la labor más importante de la nueva dirección de Podemos Andalucía será defender la democracia interna. En dos sentidos: los documentos que se voten son para cumplirlos y no pueden estar al servicio ni al capricho de nadie y hay que crear y proteger a una comisión de garantías independiente que vele por ese cumplimiento de las normas aprobadas por la mayoría. Luego, y luego es luego, vendrá el necesario fortalecimiento de la participación vía primarias y procesos internos que deberían abrirse a la sociedad cuanto más mejor y no cerrarse en estructuras de militantes. Pero sin respeto a las propias normas no hay democracia.
La transparencia que pedíamos, que pedimos, hacia fuera hay que aplicarla con extrema firmeza hacia dentro. Potenciando los portales de transparencia, explicando con claridad y respeto hacia la ciudadanía las decisiones que se toman y sus porqués, creando mecanismos de decisión en los que participe cuanta más gente, mejor. Llevando a votaciones preguntas que decidan y en las que haya margen de confrontación y que no sirvan sólo para reafirmar en su puesto al dirigente de turno.
Nos quejábamos del bipartidismo porque nos hacían decidir entre dos partidos de gatos de diferentes colores pero que eran todos gatos. No cometamos el error de pedir la confrontación de gatos y ratones en el exterior y hurtar esa confrontación dentro del proyecto.
Las peticiones que hacíamos a la clase política debemos hacérnoslas ahora a nosotros mismos. Nada podremos ofrecer que no tengamos en casa.