“Pan, trabajo y techo”

Javier Ruiz
Aug 26, 2017 · 3 min read

Marzo de 2014: dos millones de personas inundan Madrid desde toda España pidiendo “Pan, trabajo y techo”. ¿Qué queda de ese escenario que sirva para una mejora de la vida de las clases populares? Nada. O casi nada.

Jorge Lago en 2015 que cualquier escenario en el que se hablara de recuperar la democracia, recuperar la soberanía o de justicia social era favorable a los intereses de Podemos. Se equivocaba en una cosa: confundía — o tal vez quería confundir — Podemos con la ciudadanía del estado español. Hoy creo que esa sentencia sigue siendo válida: cualquier escenario en el que los temas de actualidad sean la profundización democrática en cuanto elaboración de leyes más democráticas y eliminación de prebendas y corruptelas a la hora de cumplir dichas leyes es favorable a las clases populares de todo el país.

Cualquier discusión sobre la recuperación de la soberanía frente a un Banco Central Europeo y frente a las grandes corporaciones, con todo lo que esto supondría, nos sirve.

Y traer a primera plana la lucha contra la horrorosa desigualdad que sigue creciendo y la recuperación de los derechos sociales y del estado de bienestar, de los convenios laborales, de la defensa de los derechos de las trabajadoras, cualquier portada sobre estos temas, nos es útil.

¿Qué tenemos?

Tenemos un debate territorial que se alimenta desde uno y otro sitio y que se va a ver superado por la realidad del movimiento popular o de la desgracia siniestra. ( Y tenemos el problema real de cómo salir del callejón sin salida creado por unos y otros sin que haya violencia).

Tenemos un debate sobre terrorismo en el que el partido gobernante ve una magnífica oportunidad para seguir criminalizando cualquier tipo de oposición vía pactos anti-yihadistas muy aplicables a tuiteros, titiriteros o chavales en fiestas. (Además, tenemos un problema grave de terrorismo que ira creciendo porque nada se hace para eliminarlo y los que deberían protegernos están en otras peleas más rentables).

Tenemos a un partido de Nueva Política haciendo las políticas de siempre en el cómodo rincón izquierdo que dijo que no iba a ocupar porque esperaba representar a una mayoría social. Un partido que ha desmovilizado a sus bases y expulsado a la gente que llegó desde fuera de la política, que ha demostrado un escaso respeto a sus normas internas y una democracia más proclive a la aclamación de los líderes que a la representación de sus bases.

Tenemos a una población empobrecida y una juventud emigrada. Tenemos ratios de pobreza y paro muy altos y un fenómeno nuevo: trabajadores que a pesar de tener trabajo son pobres. Tenemos a una clase media extenuada, autónomos sin derechos laborales y, muchas veces, empobrecidos.

Tenemos a la mitad del país diciendo que los catalanes hablan catalán y los vascos son de ETA y a vascos y catalanes deseando irse de lo que llaman España y deberían llamar oligarquía española.

Tenemos a medio país (otro) diciendo que los culpables de casi todo son los inmigrantes y no los explotadores.

El discurso transversal que luchaba por una democratización del estado para hacerlo más abierto y participativo y que decía que la corrupción era una forma de organizarse y que no cambiaría si no cambiaba el sistema, se ha olvidado. La renta básica se ha quedado para que la discutan en teterías señores con la barba larga. Los cambios en las leyes electorales no le importan ya a nadie. Se cree que con poner primarias en los partidos ya son democráticos. Y no.

En esta situación, con el escenario que se ha planteado (con las interminables conversaciones en redes en las que el enemigo es el otro cercano: el catalán, el vasco, el musulmán, el inmigrante) el PP y el 20% de la población española que tan bien vive con el PP (o con C’s que para eso están), tienen garantizado el poder y el status quo para un par de generaciones.

Pedíamos “pan, trabajo y techo” y tenemos juego, set y partido de Mariano Rajoy.

)
Javier Ruiz

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