Serrano.

Me cuesta muchísimo expresar lo que siento porque me puede la tristeza y, a la vez, creo que no tengo derecho a que me haya dolido tanto la muerte de José Luis.

Lo conocí hace un año aproximadamente, en alguna reunión de Podemos. Coincidí luego varias veces con él en la campaña de las andaluzas, en Alfacar, en Albolote, en la Plaza de la Universidad, en el mitin con Errejón del palacio de Congresos. Aprendí en esa campaña que existía un andalucismo solidario y universal, que nacía del respeto y el conocimiento de nuestra historia y nuestra tierra y que, quizás por esa misma historia, estaría siempre abierto a los demás.

Carmen y él, los primeros cargos de Podemos Granada simbolizaban a la perfección lo que Podemos significaba para mí: políticos muy preparados, que se tomaban en serio el poner las instituciones al servicio de los ciudadanos. Fuera cinismos, fuera el dejarse llevar, las inercias negativas, el desapego a la tierra. Desde que empezó la legislatura el último sábado de cada mes teníamos una reunión en la que nos contaban qué había sucedido en el parlamento y nosotros a ellos, qué pasaba en los pueblos. Y, por suerte, las reuniones tienen tercer tiempo. Un par de cañas en las que haces eso tan andaluz de hablar de todo un poco: política, literatura, Messi, (¿cómo puedes ser de Podemos y del Madrid?, me decía).

Llegaron las municipales y vino a Albolote a apoyar la agrupación de electores en la que participamos. Tanto él como Carmen demostraron su generosidad y su implicación en el proyecto, venían de Sevilla, cansados y su presencia era muy importante para nosotros. Su apoyo, en unas circunstancias políticas complejas, demostraba su generosidad hacia nosotros como compañeros y hacia el proyecto. Luego intentó convencer a mi hijo de que se hiciera del Barça.

Llegaron más sábados, algunas charlas más en Chauchina, en Cúllar, una excelente conferencia en Córdoba sobre federalismo y proyecto constituyente. Al final de la charla, una foto encima del estrado y yo me había quedado, un poco atontado, abajo, me regañó y tiró de mi hacia arriba. Ya estaba enfermo pero hay fuerzas que se tienen o no se tienen.

En la última visita que hizo a la librería hablamos de literatura y le dije que no coincidíamos en gustos porque él era del Sur y yo no. Me preguntó, alarmado, si prefería Quevedo a Góngora. No, tranquilo. No fui capaz de confesar que prefería a Lope o a Calderón.

Mañana es el último sábado de enero. Estaremos contigo como nunca hubiéramos deseado hacerlo. En febrero, seguiremos luchando porque Andalucía sea como la que tú nos enseñaste a querer. Como la que más.