Las manos al fuego

La última palabra

Por Santiago Gómez Pariente

Es inevitable golpearse la frente con la palma de la mano. Es inevitable lamentar la falta de carácter del presidente, la poca decisión y la nula claridad para comunicar sus ideas a todos los peruanos. Las ambigüedades de su discurso de ayer por la tarde se vistieron con cifras sueltas y un insoportable tararareo de logros que nadie necesitaba oír. Menos ahora, que la polarización y el desgobierno campean en torno al tema más importante de la agenda nacional: el proyecto minero Tía María.

La personalidad de Humala ha terminado por afirmarse entre lo pusilánime y, como bien valoró “The Economist” el año pasado, lo esquizofrénico. Se puede entender que el Gobierno ensaye un tono que evite más violencia en Arequipa, pero es incomprensible que se haya preparado un discurso tan confuso y con tan pocas y débiles “ideas fuerza”. La frase hecha “la voz del pueblo es la voz de Dios” –dicha ayer por Humala– pierde total sentido si se enuncia segundos antes de pedir a la empresa minera que manifieste su voluntad para el entendimiento de las partes. Es en estos momentos de incertidumbre donde el país necesita lucidez y sabiduría de sus autoridades, donde la responsabilidad que implica nuestro futuro debería expresarse en decisiones, en acciones, en definiciones. El que quiera ser presidente de este país y no entienda esto no debería prolongar más ese sueño. Porque se puede ser radical y también responsable. Sí que se puede.

Puntos suspensivos.

Pero conviene respirar hondo y entender que todo lo que nos pasa nos lo tenemos bien merecido. Ese excesivo afán tecnocrático y la indiferencia generalizada a la política y a los políticos, que ha sido una constante de nuestra sociedad en los últimos años, ha terminado por explotarnos en la cara. El teleprompter que leía ayer Humala se trababa quizás por una falla técnica y le hacía difícil pronunciar bien algunas palabras, pero mostraba, como una siniestra metáfora, la intermitencia y la fragilidad de una humanidad sin liderazgo, de una Nación sin cabeza.

La escena final de este drama no ha sido un happy ending: luego del mensaje de Humala, la empresa minera anunció un receso al proyecto Tía María. Los privados han hecho así lo que el presidente –lo que nuestro presidente– no tuvo el coraje de hacer frente a todos los peruanos: tener la última palabra.

*Publicado en El Tiempo de Piura el 16/05/15

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