Yo también quiero trabajar en innovación ¿Cuál es el camino?¿Cómo lo hiciste tú?

Creo haber escuchado estas preguntas más veces de las que puedo contar, y lo primero que me salta decir es “¿Cuál es la razón detrás de esas preguntas?¿Por qué lo quieren? ¿Qué es lo que las personas esperan de elegir este camino?” Sin embargo, si esto se trata de contar mi experiencia personal, lo resumiría en un viaje lleno de momentos claves que me llevaron al lugar donde felizmente puedo decir que pertenezco. Espero los pueda ayudar a responder las preguntas iniciales.

TODO CUENTA

En mi pasado, creo que no me imaginé trabajando en un centro de innovación, lo que buscaba al salir del colegio era aprender para volver y poder ayudar a mi familia, mi comunidad. Vivir con una visión de carencias me enseñó que lo más importante era compartir y no temer a aprender cosas nuevas, porque todo cuenta.

Es así como en la universidad decidí no enfrascarme en alguna especialidad, incluso desde las prácticas. Escuchaba siempre críticas de compañeros diciendo que no estaba creando mi línea de carrera, que era peligroso, que el éxito estaba en la especialización. Y sí, tal vez ese modelo funciona, pero en mi situación lo que más quería era experimentar. Haciendo retrospectiva y analizando en lo más profundo de mí, se trataba del hambre de conocimiento ilimitado que había escondido durante tanto tiempo, esa discriminación de información que ahora era libre y estaba esperando por ser consumida.

De los aprendizajes, uno que repercute en mi vida actual, fue cuando mi profesora Mayela Freyre me escogió para participar en un proyecto de investigación en la provincia de Casma. Era para un proyecto de emprendimiento femenino con micro empresarias del interior del Perú. Sin pensarlo, fue mi primer paso para entender otros contextos y aprender a diseñar desde el punto de vista de esas personas.

ANTE LO INEVITABLE, DA LA MEJOR CARA

El camino de la vida no siempre es lineal o estable y en mi búsqueda de aprender hubo un momento en que encontré un punto de inflexión que probó mi fortaleza y me hizo vivir en carne propia el significado de la resiliencia.

Mi madre enfermó de cáncer y yo decidí dejarlo todo, renuncié a mi trabajo, empecé a trabajar en pequeños proyectos y me enfoqué en cuidarla. Está época duró más de dos años y en el camino de afrontar está oscura etapa, no me había dado cuenta de que me había envuelto por completo.

A pesar de que mi madre se llegó a curar, yo sufrí de depresión mucho más tiempo del que me esperaba. Pero tener esa carga fuerte a nivel emocional no debería ser un problema, debería ser un reto y depende de cada uno afrontarlo. Es por eso que, para salir del círculo vicioso, decidí probar trabajos que nunca me hubiera imaginado probar, desde encuestas en tiempos políticos hasta viajar a Barranca para ayudar en un estudio de la percepción de los agricultores sobre el uso de transgénicos en sus cultivos. Y me di cuenta de que lo mío era salir al campo, no importaba si mis “Convers” se rompían en el camino y terminara usando sandalias, era parte de la experiencia.

EL VOLUNTARIADO COMO PRIMER CAMINO

Otra cosa que me ayudó en mi camino experimental es recordar todo aquello que había olvidado por la depresión: a no tener miedo, ese miedo que me había consumido y me había incapacitado mentalmente. Una de las cosas que me ayudaban a afrontar ese miedo era encontrar lugares seguros. Y los encontré en los voluntariados. Mis pasos pequeños por Yaqua, por ejemplo, y mi paso por el Festival Internacional de Música de Alturas, donde me quedé hasta el día de hoy. Por eso cuando conozco personas que me dicen cosas como “he aprendido esto por mi cuenta, pero no sé quién me pueda contratar, lo primero que me piden es experiencia, pero cómo la gano si nadie me contrata”, les aconsejo que busquen un voluntariado, si les nace del corazón. Allí nos esperan con los brazos abiertos para emprender retos y se busca impactar de la manera más sincera. Por eso, si estás en ese estado, ya tienes mi primer consejo.

MÁS SON MEJOR QUE UNO

Para el momento en que ya me encontraba mejorando, descubrí el mundo del código, entré a un Bootcamp de desarrollo web, y durante 6 meses experimenté lo que significaba salir de mi zona de confort. Pasé de estar acostumbrada a ser buena en algo a darme cuenta de que en este nuevo mundo tocaba estar del lado más humilde: un 04 no definía realmente un conocimiento. Había que romper estereotipos y entender que lo más importante no es el lugar de estudio, sino tu propia fuerza interna y el trabajar en equipo. Trabajar en equipo, esa frase tan cliché nunca cobró tanto sentido como cuando me encontraba un domingo desde las 9 am. aprendiendo con amigas por cuenta propia. Y en este viaje comunal de aprendizaje, descubrí también el mundo de diseño y la importancia de centrarse en las necesidades de las personas, diseñar con sentido, con corazón. Me di cuenta que si quería hacerlo, había que empezar el viaje desde cero. Tenía que estar segura que era realmente lo que quería. Y ahí viene el siguiente hito, quizás el más importante.

ENCUENTRA TU PROPÓSITO

Al querer entender si mi destino era entrar al diseño, me di cuenta que el secreto radicaba realmente en tu propósito, aquel que guía nuestros actos. Pero, ¿cuál era mi propósito? Tomé una pausa y encontré que estaba relacionado con mis orígenes, en volver a lo que inicialmente me movía, a ser la voz de aquellos que son olvidados, aquellos a los cuales las economías llaman la base de la pirámide. Y sin ir muy lejos, mi madre se volvería en mi inspiración más cercana. Una mujer de 65 años luchando en un mundo lleno de productos y servicios que no son pensados en ella, donde ir al Banco de la Nación en pleno calor era una tortura de horas, donde las cartas de los restaurantes no están pensando en sus pobres cataratas y donde las empresas piensan que la única respuesta es la ola tecnológica y no la cercanía de personas con las que ella se siente cómoda. Teniendo este propósito claro me di cuenta de que el área de diseño me permitía tener retos relacionados y que, por primera vez, sentí que era un puesto que quería ansiosamente experimentar por un largo tiempo.

SI TRABAJAS DURO, LAS OPORTUNIDADES SON MÁS VISIBLES

El propósito es el corazón, pero el músculo que te hace capaz de captar las oportunidades es el esfuerzo, el seguir aprendiendo, el trabajar duro. Sólo aquellos que lo hacen pueden ver una oportunidad y hacer el mejor intento por tomarla. Si bien hay golpes de suerte, creo un logro se siente mayor cuando uno obtiene oportunidades por su cuenta. Es por eso que nunca olvidaré que fue gracias a una “hackatón” que unas compañeras y yo fuimos elegidas para postular al área de diseño del BCP. Éramos 7 y solo podía pasar una. El camino fue difícil, no solo por el hecho de enfrentarnos entre amigas, sino porque teníamos que aplicar y hacer entregables cosas de las que no teníamos teoría alguna. Con muchas desveladas, ayuda de amigas a las cuáles entrevisté, y con pasos curiosos, es que llegué de forma acertada a los corazones de las personas que me eligieron y son el porqué del trabajo que realizó hasta el día de hoy.

EL VIAJE NUNCA TERMINA

Pero el viaje no termina cuando obtienes el trabajo, porque el camino de la innovación no es lo que la mayoría se imagina, no es que tu trabajo cuente con puffs y piscina de pelotas al estilo Google. Se trata realmente de crear valor a las personas y generar cambios reales. El viaje comienza aquí, toca aprender cada día algo nuevo, les aseguro que este entorno cambia a una rapidez en las que, si tu propósito no es fuerte, puede que pierdas el rumbo o sea cada vez más difícil continuar. Pero es un riesgo que vale la pena.

En conclusión, el mejor consejo que les puedo dejar, queridos lectores, es que tomar el camino más seguro puede ser el más fácil y tal vez con éxito asegurado, pero si tomas el menos esperado, el que te reta más, el que te enseñará cosas que el dinero no puede comprar, es probable encuentres más preguntas que respuestas, pero las experiencias que te lleven a resolverlas harán que disfrutes del camino y la satisfacción será grandiosa.