Un ramillete de emociones

Los feriados en este lado del mundo en su mayoría no causan emoción en mí. Yo no trabajo en una compañía local, no recibo aguinaldos u otros beneficios que las personas que laboran aquí sí. Soy agnóstica, no me interesa la religión en absoluto, aún viviendo en el lugar donde se originaran dos de las tres religiones monoteístas más grandes del mundo. Tampoco iré de vacaciones como algunas personas en este país.

Estaré trabajando como siempre, porque en mi caso es así. Y no, no me estoy quejando.

Hoy salí a Tel Aviv, después de casi una semana. Fue una de las pocas salidas que tuve y tendré por esta temporada porque no pienso salir en feriado, aunque ir a la ciudad grande siempre me haga feliz de alguna manera. Citas canceladas por amigos, mucha cosas que hacer en casa y fuera de ella, de todo eso estuvo llena mi semana. También, por supuesto, no falto alguien que me dijo que tendría que cambiar porque a veces yo resultaba ser un poco insoportable. A mi edad, hay poco que hacer para cambiar mi temperamento, sobre todo mis reacciones cuando alguien — con conocimiento de causa — hace cosas que me molestan sobremanera.

Encontré esto en mi feed hace unos minutos. Necesitaba tanto ver esta imagen, como una especie de recordatorio que no pienso cambiar por nada ni por nadie. En este punto de mi vida, eso lo tengo muy claro.