Dejen de buscar la explicación en quienes sufrimos bullying
Noemí López Trujillo
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Psicopatía en un sentido amplio, no en el que nos muestras las películas sobre asesinos en serie de mentes calculadoras.

El acosador suele (hay de todo) ser algo idiota y con mala leche, nada de calculador ni sangre fría.

Yo podría haber sido víctima de acoso en el colegio. Buenas notas, pocas habilidades sociales, sin amigos (me lo pasaba muy bien con mi hermano, mis juegos de mesa y mis libros en mi casa, nunca me sentí desplazado, sencillamente no tenía interés en los demás; algo de autismo leve puede haber ahí).

Pero hubo conatos de acoso. Primero un par de chavales un par de años mayores que me acorralaban a la salida del comedor y me preguntaban de qué equipo era, Barça o Madrid, y cada uno de ellos decía ser de uno y me increpaba y se mostraba físicamente agresivo si decía ser del equipo contratio. Otro chaval, un año mayor que yo, el matón de su clase, me seguía y me molestaba en los recreos, con insultos, burlas y amenazas por supuestas ofensas inventadas. Hasta que un día me agarró del cuello e intentó forzarme a beber agua de una fuente fuera de servicio. Fue la gota que colmó el vaso. Mientras me agarraba a la fuente tratando de impedir que me acercase la cabeza al pitorro oxidado perdí todo el miedo y ocupó su lugar la furia, mucha furia, rabiosa, la sangre me subió al cabeza y me retumbaba en los oídos, logré girar la cabeza y mirarle a los ojos y le dije en un gruñido cargado de odio “dé ja me en PAAAZ”. Me miró asombrado, me soltó y se alejó. Nunca más volvió a molestarme. Ni él ni nadie más. Si alguien alguna vez se burló de mí tenía que correr más rápido que yo o acabar tirado por el suelo de un empujón. Me metía a defender chavales menores a los que estaban acosando. Algunos de mi clase me llamaban “macarra”, a distancia, porque les atacaba cuando se pasaban con los compañeros de mi hermano, dos años menores. Tuve suerte de que en aquella época no se juntaban en manadas de hienas para dar palizas, como hacen ahora, porque yo habría acabado muy mal.

Con el tiempo he pensado que lo que más caracteriza a los acosadores es que tienen miedo (de sus padres o yo qué sé) y baja autoestima (por culpa de sus padres o yo qué sé) y buscan a alguien más débil y atemorizado que ellos para poder sentirse superiores.

Un día a la salida del colegio, con 11 años, vi como el chico ese que me había estado molestando, un año mayor que yo, se caía de espaldas de un culumpio y se daba un golpe en la cabeza. Se puso a llorar como una madalena a pesar de que era muy poca cosa. No me burlé de él, pero nuestras miradas se cruzaron y él se giró.

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